01 enero, 2009

Voy a empezar el año matandome suavemente

El presente texto, aunque bastante ingenuo y en un estilo muy primerizo, es a consideración de un servidor el inicio de una carrera literaria que todavía no despunta. Si bien unos pocos años antes de escribirlo ya tenia la inquietud de las letras (por aquel entonces pretendía guionizar comics), fue hasta el momento de realizar ese primer intento de ensayo entre literario y filosófico (precisamente como tarea para la clase de lectura y redacción del segundo semestre de Filosofía, o sea que sin recordar la fecha exacta, fue redactado y presentado en marzo de 2003), que al ser leído ante un reducido público de condiscípulos y recibir una serie de comentarios aprobatorios que denotaban reacción ante ese primer intento por dar a conocer un pensamiento que de otro modo sólo habría quedado en el tintero, por lo que encontré mi vocación de autor.
 Si digo que el escrito que están por leer (y ya parece como si anunciara un inédito de Rimbaud) me condujo de lleno al terreno de las letras, fue por un incidente inmediatamente posterior a su lectura. Sucede de una compañera de clase, con la que hasta ese momento no había tenido el menor contacto (a no ser un impersonal cruce de miradas), me preguntó si podía ceder mi texto para que se publicara en un fanzine que venían realizando en su pueblo, yo le dije que claro (además de que me sentí halagado), e incluso realicé una ilustración la cual por cierto jamás me fue devuelta. El resto es historia; si bien creo que nunca se publicó, el mero hecho de que alguien se interesara de esa forma por algo que yo había escrito, fue un motivo importante para que decidiera dedicarme de lleno a las letras. El otro motivo fue que por esa misma persona comencé a escribir poesía. 
 Ahora si los dejo ante el texto, confieso que al releerlo después de tanto tiempo (al parecer toda una vida), recordar, reflexionar, que sé yo, caer en la cuenta de que a pesar de encontrarlo ingenuo y con una gran deficiencia de estilo, ya aparecía el yo esencial, quien a pesar de encontrarse más preparado y con un amplio kilometraje de lecturas, descubre que en lo esencial sólo un pensamiento vivo se mantiene a través de incontables aspectos.
 Disfruten. 

J. S. Cainiz



Lady muerte o de la chaqueta metafísica


“El día que sabes que vas a morir
dejas de ser niño”






El otro día me encontré a un pseudo-punketo con su gastada bandera de “no hay futuro”. Por el momento lo miré, y recordé que antes yo también pensaba como él. Y aunque ahora pienso diferente, concuerdo en que no hay futuro, de hecho, hay presente. Claro, de todas las generaciones de jóvenes, desde los años 50, han emergido una y otra vez de las fauces de la conformidad, tratando de superar las trabitas que les pone la sociedad. Sin embargo, considero que las energías gastadas en banalidades, pueden enfocarse en problemas más trascendentales.
 Muchas veces hemos pensado de esa manera, tratar de salir del abismo de la mediocridad, y el día de hoy atestiguo ante ustedes que la esperanza ha muerto. Me vale lo que pase mañana (es más, quizás amanezca muerto). Sólo me importa lo que estoy haciendo hoy. Precisamente escribo este elogio a lo absurdo. Si la voz que lo transmite es precisamente la mía, vaya, sigo aquí… Pero ya no es hoy, bueno sí, es hoy, pero no el hoy en el que estaba escribiendo, sino el hoy en el que se lee este texto terminado. Perdón, no soy bueno con los tiempos verbales. Mejor ocupémonos del título.
 Cuando oímos hablar de la muerte, ¿qué imagen tenemos de ella? La más común: una calavera encapuchada, con su guadaña, guiándonos hasta el Aqueronte donde el lanchero Caronte nos traslada al infierno de Dante. Esa es la visión romántica de la muerte. Sin embargo, su verdadera cara se nos presenta todos los días en los medios de comunicación: atropellados, ahorcados, asesinados. Tan es así que la vemos como algo cotidiano. Claro, se trata de extraños que ni siquiera conocimos, pero hay ocasiones en las que le toca a un conocido, alguien muy cercano, o incluso en tu propia familia.
 Mucho se ha hablado del tema, pero de lo único que estamos seguros es que vamos a morir; después de la muerte no sabemos lo que nos espera, nadie ha vuelto de la muerte para contarlo. Lo anterior, podríamos clasificarlo como principios básicos de la muerte, aunque no nos ayuda a explicarla. Para este propósito tenia pensado mencionar la visión de las religiones en torno a la muerte, pero no creo que aporte a mi estudio beneficio alguno, antes bien, lo cargarían de misticismo. Y aunque me siento atraído por todo lo que huele a metafísica, prefiero estudiar a individuos que no estén comprometidos con credo alguno, antes bien, que traten de no estar en conflicto consigo mismos. Por el contrario, muchas de las religiones buscan reprimir los impulsos más oscuros del hombre, creando una angustia al no poder cumplir las normas restrictivas, impuestas para mantenernos en el guacal.
 Con los antecedentes expuestos, comenzaré por solucionar la incógnita ¿por qué le tememos a la muerte? Para resolverla primero tenemos que remontarnos al momento en que se da el temor a la muerte. En la filosofía popular hay un dicho: la vida empieza a los cuarenta años; luego escuché a alguien decir: para que tanto pinche preámbulo, y yo le digo a ese alguien, en verdad la vida comienza a los cuarenta años (no se aplica a quienes no llegan a esa edad, pues a ellos casi siempre les cae la muerte por sorpresa), pues es hasta entonces que tomamos conciencia de que vamos a morir ¡se ve, se siente, la muerte está presente! Cuando estás chavo, todo te vale, no te preocupas por el día de mañana; pero en cambio llegas a los cuarenta (en los hombres a los 41 ¡esa edad difícil!), y sabes que estás a la mitad del camino, que la muerte es inevitable.
 Una vez que hemos encontrado el momento del temor, definamos el por qué nos preocupamos por ella. Para demostrarlo me apoyaré en el sexto de los nueve principios satánicos formulados por Antón Szandor LaVey (el finado papa negro): Satan representa responsabilidad para los responsables, en lugar de preocupación por vampiros psicológicos (1). Toda preocupación es vana y puede ser resuelta, en cambio la muerte (vampiro o no quién sabe), esa sí te chupa hasta el tuétano. Pero no te preocupes, siguiendo a Epicuro: 

La vida no existe por una razón determinada: es accidental. No tiene ningún fin ni creador alguno con el que esté en deuda. Así como apareció por azar, sin que nada la causara, así terminará también, sin que quede nada ni haya efecto perdurable sobre otra cosa. Puesto que el alma como el cuerpo, es material, no puede sobrevivir a la extinción de éste. Sus finos átomos se dispersarán en el aire como humo. ¿Por qué entonces sentir miedo? (2)





 Tomar a la muerte por inevitable, siempre será una filosofía fatalista. Sin embargo, yo prefiero rendirle culto, no como rendirle culto a la Santa Muerte, sino saber que nuestra esencia se define a partir de tomar conciencia de nuestra finitud. Retomando lo de filosofía fatalista y citando al Fedón de Platón: Los verdaderos filósofos hacen del morir su profesión. (3)
No propongo un nihilismo, aunque parezca que recomiendo la muerte como lo mejor, sino que se le dé su lugar, que la tengamos presente y aceptemos su importancia como modeladora de nuestra esencia. Para explicarlo con mayor contundencia, me remito a una cita de Cioran: Si la razón desautoriza el apetito de vivir, la nada q2ue ha ce prolongar los actos es sin embargo de una fuerza superior a todos los absolutos… No sólo es el símbolo de la existencia, sino la existencia misma; es el todo. Y esa nada, ese todo no puede dar un sentido a la vida, pero la hace al menos perseverar en lo que es: un estado de no-suicidio. (4) En pocas palabras, la razón de ser de la existencia es la muerte. Aunque considero que sí puede darle cierto sentido a la vida, de cualquier forma, lo veremos más adelante.
En cierta forma, ya dijimos por qué abandonarnos a ella, pero no la hemos definido. La verdad, la muerte no puede ser explicada, pues en sí misma no es nada. Aquí es conveniente señalarlo, nada se enseña respecto a la muerte como tal, quizá en compensación, tenga mucho que decir acerca de la vida. Aún así, trataré de explicarla a través del “no-ser” de Jean Paul Sastre. Supongamos que esperamos a alguien en un lugar y hora determinados, una cafetería por ejemplo. Estamos conscientes de su ausencia y sin embargo, ninguno de los objetos a nuestro alrededor manifiestan esa ausencia, el lugar es una “plenitud de ser”. El no-ser de esa persona no proviene de la cafetería, por lo tanto hay otra base para estar conscientes de esa ausencia: La condición necesaria para que sea posible decir no es que el no-ser sea una presencia perpetua, en nosotros y fuera de nosotros; es que la nada infesta al ser. (5) Cuando estamos conscientes de algo, es la ausencia la que estimula nuestra conciencia. Tal vez no se explicó a la muerte, pero lo que trato de explicar, es cómo sentimos la muerte de un conocido. Aunque sabemos que sus restos reposan bajo la tierra, no podemos percibir su esencia y esto hace que lo extrañemos.
La siguiente interrogante, ¿qué pasa cuando estamos conscientes de la finitud? Para resolverla, debemos interpretarla en dos sentidos: en qué consiste y cómo nos afecta. Para lo primero me apoyaré en Kierkegaard, el cual aunque autonombrado como “autor religioso”, me resulta interesante, porque antepone su búsqueda de la fe a su religión. Es decir, se plantea el problema de llegar a ser cristiano, por lo cual no está comprometido con credo alguno. La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive. (6) Lo que quiere decir, es que no vemos a la muerte como el límite de la vida cuando alcanzamos la vista al futuro, ya que si no fuera por ésta, de hecho no veríamos hacia delante en absoluto. Si fuéramos inmortales, no tendría caso preocuparse por las consecuencias de nuestras acciones presentes a largo plazo. Quizá no sea una explicación extensa, pero es simple.
Pasando a la manera en que nos afecta la finitud, cabe aclarar que busco explicar cómo nos afecta, no nuestra propia finitud, sino la de quienes se nos adelantan en el camino. Y quien más se acerca a mi propósito es el maestro Vega Gil: La fuente de la eterna juventud es un ataúd, un hoyo en la tierra, el horno de un crematorio. Los que mueren se llevan tu lozanía, tu inocencia, tu alegría. Los viejos somos los que no nos podemos quitar el traje de luto, los que nos aferramos a la sobrevivencia llenos de miedo, los que nos negamos a ver en la muerte el último rito de la vida. (7) Se oye cruel, pero es la realidad, es como despertar a las dos de la madrugada por un sobresalto, estabas soñando con tu primo que se fue, y te dices: tenia toda la vida por delante, y sin embargo seguirá eternamente joven en tu mente, mientras tú te haces viejo, pero… por cuánto tiempo. 
A lo largo de estas líneas, no he definido mi postura, nihilismo o sobrevivencia, ¿qué es mejor? Y aunque no soy quién para aconsejar, creo que hay alguien con la respuesta, el escritor ingles Warren Ellis: Después de esto no hay nada, ¿saben? no hay pecados, no hay infierno para que ardan los bastardos… este es todo el tiempo del que disponemos; no podemos permitir que nadie nos lo arrebate. (8) Tal vez lo mejor sea vivir el momento, saber que somos efímeros y aprovecharlo al máximo.
Cuando comencé el texto, dije que no tenía esperanza, y sigo sin tenerla, sin embargo, no por ello dejaré de buscar el por qué quizá sea una paradoja lo que propongo, pero ahí va: nuestra razón de ser, es precisamente no tener lugar dentro de la naturaleza y al mismo tiempo, aferrarnos a lo único cierto y verdadero “la muerte”; ambas condiciones son las que nos otorgan individualidad.
Tal vez no descubrimos qué es la muerte. Del por qué no estoy seguro, pero, quizá la respuesta esté en un verso de Billy Blake: si las puertas de la percepción se limpiaran veríamos al mundo tal como es, infinito. Pero mientras trato de quitarles el cochambre a las desvirgadas niñas de mis ojos, me quedo con mí imagen de la muerte: debajo de la capucha se esconde una bella rubia de proporciones esculturales, que además, te hace el favor…de acabar con tu triste existencia. 



CITAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Suplemento del Sol del Centro No. 507. Leyendas y realidades del satanismo. Ever Reyes (21 de enero de 2001).
2. P. Carse, James. Muerte y Existencia, FCE, 1987, p. 60.
3. Platón, Dialogos, UNAM, 1988, p. 104.
4. Cioran, E. M. Brevario de podredumbre, Ed. Punto de lectura, p. 46.
5. Op. Cit. Muerte y existencia, p. 395.
6. Ibid. p. 490.
7. La mosca en la pared No. 43, p. 32.
8. Planetary No. 3, Wildstorm/Vid, p. 17.
 


26 diciembre, 2008

mitravidad ¿desde cuándo?


Un primer acercamiento de lo que viene para 2009. Si bien le falta color (y es que ese siempre fue mi talon de Aquiles), espero que un futuro ese no sea problema para que puedan disfrutar los cartones de "El sombrero en la cama", los cuales ya estoy por publicar en este mismo espacio. Aquí tienen pues una tarjeta de "mitravidad" con Lichita y su conejito prieto —al cual por cierto se le nota un tanto demacrado.

08 diciembre, 2008

Recordando a John


Si bien hoy se cumplen 28 años de la trágica muerte de John Lennon, no es con motivo de tal acontecimiento que escribo está nota, y es que no sé ustedes, pero yo no tengo necesidad de recordar a quien por mucho puede considerarse como la personalidad más influyente de la segunda mitad del siglo XX, cuyo arte y expresión siguen vigentes en nuestros días, y no necesito recordarlo por la simple razón de que no lo he olvidado, pues a pesar de no considerarme su admirador acérrimo, no niego que disfruto muy a menudo de su música y que de unos años para acá me permito incluso indagar en su vida y obra, claro, esto último tiene su explicación. Hace algunos años conocí a una verdadera fan de los Beatles y en especial de John Lennon, incluso entre nuestro círculo de amistades ella era conocida como “John”, por mi parte siempre preferí llamarla por su nombre, y fue sólo hasta días antes de esta fecha que recordé todo esto. Ella siempre fue una gran amiga, constantemente viene a mi recuerdo; si hablo de ella en pasado, no es porque ya no este entre nosotros, aunque así es.
     En donde quiera que te encuentres, si llegas a leer esto, cuídate.

                                                                                                                                  J. S. Cainiz


23 junio, 2008

Nostalgía por Villaurrutia

Estuve buscando en la red y en ningun lado encontre "Nostalgía de la muerte" de Xavier Villaurrutia. Sólo algunos nocturnos. Por eso aquí les tengo la versión integra para descargar.

16 abril, 2008

El periodo anoréxico de Botero

Me niego rotundamente a terminar el cuento hipster que en este momento tengo sobre el escritorio hasta que reciba comentarios. Mientras leanse estos poemas.
Pronto habrá noticias de la revista que vengo perpetrando además de otros proyectos editoriales así como historietas y tiras cómicas. Si quieren galerías de encueradas manden comentarios (tengo imágenes inéditas de Irán Castillo).


poema escrito al reverso de un ticket
(leer mientras se escucha el Funeral de Arcade Fire)

nosotros pudimos haber despojado a la humanidad en el silencio
las naciones fracturadas
el privilegio de no dormir
disposiciones aleatorias que nosotros mismos facultábamos
armonía descontenta de si
el caos preconcebido

la broma de los dioses
sepultura candente que nadie llora
ofrendas pálidas
morfinómanos que no se elevan
placebos que dudan de si
la fortuna desperdiciada en el olvido, desquiciada, sucia

no hay palabras que aguanten otro cataclismo!

y en la tarde, lejos de ti, me disuelvo
nuestra historia ―esa que yo construyo en mi mente y que por eso no tiene cabida en el mundo de los otros― me deprime
otra tarde lejos de ti
lejos de tu respiración y tu aroma
sin poder encenderte el siguiente cigarro

ardiendo en mis frases
el espacio se agota
―regresar de los brazos de la muerte
transformado en el ser que más amaste
y así ambos tendremos otra oportunidad.


algunas veces pero en mis sueños
(así me suena, ok)

dejo correr el disco que acabo de comprar
no me emociona ni un poco
y soy sumamente emocional

el vacío de la habitación pocas veces logra intoxicarme
no hay necesidad de mirar atrás
nada que perturbe esta velada
contemplo la mata de vellos en mi sobaco
doy otra calada al cigarro

prefiero el invierno
aunque sé que las mujeres florecen y son más olorosas en primavera
con sus vestiditos ligeros y sus sandalias de finas correas
o aquellas que usan ajustados vaqueros con infinidad de agujeros
o cintas de colores en el pelo
o de plano lo llevan suelto
sintiendo la brisa que se cuela en sus braguitas
aun así prefiero el invierno
contemplar pálidos ángeles envueltos como repollo
con las mejillas encendidas por el frío

un reloj que marca el tiempo púrpura
el tiempo de las huríes en el hostal
se ha descompuesto
de vez en cuando es bueno mirar al mundo como si se fuera a acabar
y nosotros sintiéndonos inmortales
sin sentirnos hijos de Jesucristo, claro
nadando entre gusanos
escuchando la viscosidad del viento que se cuela entre los dedos
encontrando a las personas que nos acompañan
al menos en el pensamiento
en el alma
aquellos que no fingen
que son reales
y nos sienten reales


tiro de un hilo y el mundo se sostiene
a Bukowski

granulados escorpiones seducen mi corazón como un puente levadizo o un conejo sarcástico (salido de una chistera magenta doblegada por un raquítico viento)
etrusco vellón afelpado
viscosa belleza turca de Bizancio
no es lo que funciona sino aquello que muestra la claraboya
dimensión situada en el rascacielos Panamá
limones profusos de aguanieve sintética
y arañas espiando el sudor de azules nubarrones
y yo estoy aquí, esperando que se colapse el mundo por ambos conocido
sintiendo frío en mi pequeña habitación a las 4:26 de la madrugada
sintiendo frío y necesidad de ti
no es posible cambiar al mundo ni tampoco lo que tú no sientes por mi


incontables aspectos de ombligo de la luna

escaparates de lo inmundo se congregan en chapoteante éxtasis
el sol quemante del desierto los agrupa en suspiros patético
vagabundas bocanadas salpicando los heliotropos gimientes
constante trafico de chirriantes moles
todo se sostiene como alguna vez fue el paraíso parloteante
y el aire cobrizo se desparrama empecinado
cortando siluetas de papel aluminio malsanas
puntos rojos de luz en secuencia matemática hiperdigerida y las palmeras
barrocas pavoneándose
colmenas de carne compacta
esculpidas en atardeceres de ébano y esmeraldas árabes falsas
la basura amontonada de mil furiosas bacanales en colores tan tristes y sin poder
describir lo que pasa
y la mujer de rojo habitual en cualquier ensueño se dejan contemplar
miradas arrebatadas, perturbadas de soslayo iridiscente trafican con el dolor
inconsciente

J. S. Cainiz. Copyright (c) 2008

20 marzo, 2008

No tenía nada que hacer

De entre mis papeles rescaté algunos poemas. A decir verdad, he descuidado la creación poética por sobre la narrativa. Por lo pronto aquí les dejo una breve muestra de mi libro "Al despertar era mediodía", y tres poemas inéditos (bueno, eso de inéditos lo digo porque no se los habia mostrado a nadie, pues aunque nunca he publicado "Al despertar...", he repartido un par de copias y lecturas para los amigos).
No es lo último que he hecho en verso, lo mejor esta bajo llave y pronto a salir.

LA GRACIA DEL MAR

La brisa del mar nos acaricia
sólo si nos adentramos en el riesgo de la tempestad,
tripulando una nave piloteada por la irracionalidad,
sólo así obtendremos la gracia del mar.

Mar de noche, mujer embriagada
que sueñas en medio de la tempestad,
el destino incierto fluye por tus venas alcoholizadas
y percibes voluptuosamente
la belleza de un arte venal;
la sagrada medianoche conquista la calma del mar
y entre suspiros transpiras un perfume,
la fragancia de la brevedad…
afirmas con tu presencia el instante mismo
que podría dejar pasar;
tu esencia se me escapa,
y la salvo sólo en la facultad de recordar;
con mis versos siento que te recupero,
mas cada vez que los leo, pierdo la gracia del mar…

Mar de noche, con tu gracioso oscilar
yo me dejo llevar, en tus negras aguas
comprendí el significado de arriesgar…

EBRIEDAD
Mudé mis labios hacia un cáliz amargo
volátil y emponzoñado de odios y desencanto;
así palidezco ante la oscura embriaguez,
sediento de más amor y voluptuosa ensoñación.
Embrutecido violenté la sonoridad de mis cantos,
caricias de invierno que suplen la desgarradora
brevedad de tu encanto… Ninfa de mejillas pálidas,
en el césped blanqueado por el frió
se descompone anhelante el goce de tus rasgos;
con recato insinúas el lascivo desgano,
bebo los suaves huecos de tu cuerpo
y en tu ombligo los limbos se evaporan…
jeune de soupirs
recorres mi ciudad
que entre murmullos vistes de violeta,
y tus piernas como enredaderas de un cielo estival
prometen la danza macabra…

VERDE MEMORIA
Soy la imagen de tu sueño descompuesto
el alquimista fracasado,
aquel que no pudo transmutar tus pensamientos.
Sólo fue el intento,
ninguna consumación,
ningún aliento de tu vespertina agonía.

* * *
Disfruto en silencio el poder contemplarte,
eres la música que transita por mis venas,
la única esencia que en verdad me pudo embriagar,
el canto inconcluso de tu voz en mi oído;

la nada… ver partir a mi ángel frió.

EL COLOR DEL SUEÑO
Se agriaron las palabras en mi boca,
como un río que fluye hasta palidecer
corretean las ninfas de carne en flor
blancas voces, hirientes y perversas canciones.

Si en el infierno amanece al mediodía
vaciado el estomago de imposibles hambres
persigue un deseo de saciar oscuras frases
el ángel que hambriento languidece, ¡oh alma mía!

De negras y viscosas alimañas, cocodrilo de terciopelo
aprisiona el sueño en el último vistazo al espejo,
quise oler el antiguo rojo de su pelo,
despertar en su recuerdo el placer de un vino bermejo.


1 : 59 AM
No reclames líneas falsas a la luna
en los umbrales que duelen como encías de vientre,
mejor cortar de raíz la noche
ombligo del asfalto
dulce limbo de arquitecturas funerarias
que aparecen como ráfagas de infancia,
fecundo sueño clavado en la pared de fusilamiento.

¿De que sirve llorar por las formas que palidecen,
mejillas color de música
y ojos que se bebieron líquidos sufrimientos?

Si un rojizo polvo constituye mi esqueleto,
ni los cuervos que picotean despojos sexuales
romperán las costuras de mis éxtasis mentales.

MORS JANUA VITAE
A la espera de la muerte encarnada
sus ojos de un negro azabache
esperando catar el inimitable sabor de cada día
pues no es lo mismo morir en miércoles
que un domingo a las tres de la tarde
pero tampoco es que eso importe mucho
quizá no tanto.

Que bellos son los ojos del cuervo
cuando cruzas el Acheronte
ojos de mujer inexpresiva
casi tan encantadores como el aliento metálico de la muerte
alisando los pliegues de su falda con el dedo índice.


LA VIDA ES UNA SALA DE ESPERA
Antes de dormir me pregunté
si valía la pena despertar al siguiente día
acaso he perdido capacidad para la vida
(debería decirlo en tono de afirmación)
como si fuera abortado del vientre del océano
divagando respuestas para enigmas que jamás
existieron
consumiendo el oxigeno
que otros de ningún modo aprovecharán.

No hace falta que pida disculpas
mucho menos compararme
con aquellos que tienen falta de tacto
al celebrar los cumpleaños.

Me hago acompañar del silencio
a puerta cerrada
si la Eutanasia es una dama sensata
pronto tocará el timbre
temo salir en público
después de que la muerte me escupa en la cara
por enésima vez.


ON THE ROAD
Al bodhisattva Kerouac
(por tomar prestado su título)

NO sepultes en el olvido aquella noche
noche metálica en el mar de asfalto
tus ojos tiernos y desnudos

para ti el sueño etílico
para mi los suspiros
ahogados en helechos tan altos
que llegan al cielo,
o clavados en pencas de agave
junto a la carretera

aquella noche me condenaste
de por vida…
sigo amando tu sonrisa.

J. S. Cainiz. Copyright (c) 2008


P. D. Sigo trabajando en la segunda parte del "cuento hipster", si les interesa verlo en el blog dejen sus comentarios.

02 marzo, 2008

Tregua al tedio

"Si alguna vez me suicido, será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos".

El texto anterior es un fragmento tomado de la novela de Benedetti.

BENEDETTI, Mario, LaTregua.