10 julio, 2012

Si a saturno vas no. 13


Ya puedes descargar el no. 13 de "Si a saturno vas" en owlstudio.blogspot.

18 junio, 2012

Clark Nova




Agente William Lee:
Los poderes a los que ambos servimos exigen resultados. Como sabemos por los recientes reportes que nos has enviado desde Interzona, tuviste éxito para contactar al doctor Benway, y desentrañar el componente clave de la carne negra, pero es imperativo que no te duermas en tus laureles agente Lee.
El siguiente paso es disponer de un cuerpo de élite del gran ciempiés para una vivisección a fondo. Como bien sabes, agente Lee, las mujeres conforman esta especie tan peculiar y elusiva a todo intento de comprensión. Se requiere que redactes tu reporte a toda velocidad, en clave de “memoria involuntaria”, y no te preocupe el toparte con otros agentes como Molloy o Moran, quienes representan a la perfección su papel de dobles agentes del absurdo; ni ellos mismos saben que para encontrarse a sí mismos sólo hace falta dar vuelta a la hoja. En cuanto a las mujeres, esas pequeñas hembras en apariencia humanas, infiltradas en el planeta como si fueran de la misma especie que el hombre, toma las debidas precauciones agente Lee, ellas se servirán de las más viles artimañas para envolverte. No caigas ante sus ardides, recuerda que lo más importante es tu reporte, más importante incluso que tu propia vida.
Descríbelo todo agente Lee, el más mínimo detalle es fundamental.



03 enero, 2012

Cuento Papini

Les pongo el cuento que veremos este miércoles en clase.


YA NO QUIERO SER LO QUE SOY
por Giovanni Papini



Y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
SANTA TERESA

Hace tan sólo diez horas que me he dado cuenta de mi horrible condición. Hasta hace diez horas no sabía todavía lo que de más horrible puede haber en el mundo. Creía ser desde hace algunos años un doctor en terribilidad. Había probado, pensado, imaginado, soñado, todo lo que hay, que habrá, que podría haber, de más pavoroso, de más atormentado, de más estremecedor, de más monstruosamente y alocadamente angustioso. Sabía las ansias de las esperas nocturnas; la desesperación de los últimos besos; los temblores de las apariciones silenciosas; los delirios de las pesadillas; los sobresaltos de los relojes invisibles que laten en la noche de las horas eternas; los espasmos de los suplicios imposibles; los gemidos exasperados de las almas sin asilo; la fiebre errante de los coloquios demoníacos. Pero no sabía todavía la cosa más terrible que puede haber en el mundo; no conocía el suplicio último, el suplicio supremo. Hace sólo diez horas he tenido la revelación, y me parece ya que han pasado muchas dinastías por la tierra y muchos soles han dejado el cielo.
Procuraré tener calma. Me esforzaré por ser claro. Elegiré la fórmula más limpia, más simple, más natural: Me he dado cuenta de que no puedo no ser yo mismo. Me he dado cuenta de que nunca podré —nunca, ¿comprendéis?—, que nunca podré dejar de ser yo mismo.
Tal vez no me he explicado bastante. Yo quisiera cambiar. Pero cambiar en serio —¿entendéis?—, cambiar completamente, enteramente, radicalmente. Ser otro, en suma. Ser otro que no tuviera ninguna relación conmigo, que no tuviese el más mínimo punto de contacto conmigo, que ni siquiera me conociera, que no me hubiese nunca conocido.
¡Los cambios y las renovaciones de risa o en broma los conozco desde hace mucho tiempo! Se trata de em-polvamientos, de desocupaciones, de enjalbegaduras. Se cambia el mapa de Francia, pero la habitación sigue siendo la misma; se cambia de sitio los muebles, se cuelga con pequeños clavos un nuevo cuadro, se añade una estantería de libros, un sillón más cómodo, una mesa más ancha, pero la habitación es la misma; siempre, siempre, inexorablemente, la misma. Tiene el mismo aire, la misma fisonomía, el mismo clima espiritual. Se cambia la fachada, y la casa, por dentro, tiene las mismas escaleras y las mismas habitaciones; se cambia la cubierta, se cambia el título, se cambian las orlas del frontispicio, los caracteres del texto, las iniciales de los capítulos, pero el libro narra siempre la misma historia, siempre, siempre, inexorablemente, implacablemente la misma vieja, aburrida, lamentable historia.
Yo ya estoy cansado de este tipo de cambios y de renovaciones. ¡También yo algunas veces he barrido cuidadosamente mi pobre alma! ¡Cuántas veces he dado un nuevo color a mi cerebro! ¡Cuántas veces he puesto orden en la confusión de mi corazón! Me he hecho vestidos nuevos, he viajado por países nuevos, he habitado en ciudades nuevas, pero siempre he sentido, en el fondo de mí mismo, algo que queda, que queda siempre, que soy yo, siempre yo mismo, que cambia de cara, de voz, de manera de andar, pero que permanece eternamente, como un guardián incansable e inflexible. A su alrededor desaparecen cosas, pero él no las recuerda; a su alrededor aparecen cosas, y él no retrocede...
Y ahora estoy cansado de vivir conmigo mismo, siempre. Hace veinticuatro años que vivo en compañía de mí mismo. Ahora basta: estoy definitivamente aburrido. ¿Aburrido solamente? ¡Ni soñarlo! Decid más bien que estoy disgustado, asqueado, nauseado de este mí mismo con el que he vivido veinticuatro años, uno detrás de otro.
Y yo creo, finalmente, que tengo derecho a dejarme. Cuando una casa ya no nos gusta, podemos mudarnos. Cuando un instrumento no nos sirve ya, lo arrojamos al agua. ¿Y acaso mi cuerpo no es una casa, ya sea cabaña o templo? ¿Acaso mi alma no es un instrumento, ya sea hoz o lira?
Sin embargo, no puedo mudarme de mi cuerpo y no puedo arrojar a un mar cualquiera mi alma. Cada vez que me aproximo a un espejo vuelvo a ver mi cara pálida y delgada, con mi boca entreabierta, como sedienta de viento o hambrienta de presas, con mis cabellos alborotados y volubles como los de un salvaje, con mis ojos color de estaño crepuscular, en medio de los cuales se abren las grandes pupilas negras como madrigueras de serpientes.
Y cada vez que paso revista a mi espíritu encuentro los queridos, pero habituales conocidos: rostros que sonríen con desesperada ternura, rostros que lloran con un poco de vergüenza, rostros misteriosos escondidos por mechones de cabellos demasiado negros, y a lo lejos ecos de melodías rossinianas y de argucias de Diderot, de sinfonías beethovenianas y de versos de Lapo Gianni, de arias de Scarlatti y de apotegmas de Berkeley, cadencias de flautas que acompañan el baile de frívolas mujeres blancas; chaparrones de órganos bajo grandes mosaicos de oro y de violeta, y procesiones de patricios con vestiduras moradas a través de grandes salas, vacías y poco iluminadas.
Y muchas otras cosas encuentro y reencuentro en el alma que quise tanto y que alimentaba con tanta abundancia y adornaba con tanto lujo. Pero sigue siendo mi alma: algo de lo que está todavía en ella, y nadie podrá hacer que nunca haya estado.
¿Quién me enseñará, pues, de todos estos hombres amantes del hogar y de las flores secas, a librarme de mi cuerpo y de mi alma? ¿Quién podrá hacer que yo no sea más que yo, y que me convierta en otro, de manera que ni siquiera recuerde lo que soy ahora? ¿Quién podrá, hombre o demonio, darme lo que pido con toda la desesperación de mi alma furiosa contra sí misma?
Un viejo demonio me ha sugerido, cojeando, un método viejo: matarme. Pero yo no tengo ninguna confianza en ese demonio. Lo conozco desde hace poco tiempo y tengo motivos para creer que está de acuerdo con los sepultureros y con los marmolistas, ya que lo he visto varias veces rodar por los cementerios. Y, por otra parte, ¿de qué me serviría? Yo no tengo ningunas ganas de aniquilarme, de no vivir. Yo quiero ser, pero quiero ser algo distinto; quiero seguir viviendo, pero vivir otra vida. No tengo ninguna simpatía por el suicidio. Nunca me ha gustado demasiado aquel pobre diablo de Werther que se mató por no haber encontrado una segunda muñeca rubia, y no me gustan en absoluto sus imitadores, los cuales, en general, son todavía más opresivos que aquel desgraciado sentimental de provincia alemana. Las pistolas, con sus cañones brillantes que se adelantan estúpidamente en el aire, me parecen inútiles como instrumentos de laboratorio; el veneno me fastidia incluso en las novelas inglesas de intriga italiana, y en cuanto al ahorcamiento, apenas si lo considero digno de los más andrajosos de mis enemigos.
No tengo, pues, ningún deseo de no ser, sino un desesperado y prepotente deseo de ser de otra manera, de ser otro. Y tengo también una desesperada voluntad de no ser lo que soy, porque yo soy de tal manera que quiero lo que nunca podré tener. Yo quiero no ser yo, porque sé que nunca podré no ser yo.
Heme aquí llegado al absurdo. Heme aquí llegado al momento en que nadie puede saber lo que digo y lo que quiero. Nadie sabrá nunca lo que hay en mí en estos pavorosos momentos. Nadie, lo que se dice nadie: ni siquiera el más fino, el más psicólogo, el más stendhaliano de mis demonios familiares.
Este está aquí a mi lado. Su cara está más roja, más hinchada que de costumbre, y bajo su casco de piel de lobo sus ojos entornados y astutísimos me miran con una tranquilidad embarazosa. Ha visto lo que escribo y ha sonreído varias veces con satisfacción indescriptible. Y ahora, en este momento, me dice con voz sarcásticamente acariciadora:
—Acuérdate, amigo, de aquel médico que buscaba la muía mientras cabalgaba sobre ella. Esta noche eres un poco como él. Buscas ser otro. Pero quien tiene un deseo que nadie tuvo está ya, ante todos los hombres, en el mejor camino para no ser lo que es. Y tú estás en este caso, excelente e inquieto amigo. Estás ya en el umbral de tu alma y acaso —¿quién sabe?—, acaso salgas de ella, si no te da demasiado miedo la oscuridad que hay fuera.
Y dichas estas palabras se ha ido con rápidos pasos, dejando en mi habitación como un vago olor a incienso.

08 diciembre, 2011

Sombrero en la cama conoce a Lennon



A pesar de que ha pasado un rato, estamos de vuelta en este espacio para presentar las últimas novedades de nuestra publicación "dukkhadencia" y el suplemento de historietas "Si a saturno vas", que pueden descargar en nieblaentubo.wordpress y owlstudio.blogspot respectivamente. De cualquier modo, aquí podrán encontrar avances y noticias relacionadas con ambas publicaciones. Por lo pronto le dejo esta pequeña historieta homenaje al maestro Lennon en su 31 aniversario luctuoso. Esperen pronto el número 2 de "dukkhadencia".

08 diciembre, 2010

Abrazarás a la musa... y todo eso





En el Libro Negro de Papini, ficticio diario del demoníaco Gog, aparece un pasaje en el que Mr. Gog visita México y en un bar es abordado por un joven vestido de negro ─su rostro era alargado como el de algunas figuras del Greco, era moreno y delgado, tenía bigotes negros bien recortados, unos ojos vivaces de gato salvaje a la espera de saltar sobre su presa. Tenía algo de bandido y de poeta, algunos de sus rasgos hacían pensar en antepasados indios─, quien le expone su intención de emprender una revolución de los vivos contra los muertos. Bajo la consigna: ¡Muerte a los muertos!, ¡vivan los vivos!, aquel misterioso joven de rostro alargado despliega ante el multimillonario su idea de que nos encontramos supeditados a los deseos, voluntad y genio de los muertos, vivimos según sus leyes, estudiamos su vidas, somos influenciados por sus obras de arte, en fin, les rendimos culto. Si bien por un momento el texto nos hace pensar que sería preferible vivir según nuestras muy particulares apetencias e inquietudes, finalmente es una reflexión de nuestra necesidad de trascendencia, que algo de nosotros sobreviva y exista en el inconsciente de generaciones futuras. Esto último es algo que el difunto John Lennon ha venido realizando durante los últimos treinta años.
Intentar escribir algo interesante sobre el mito de este hombre, considerado la mayor influencia en la segunda mitad del siglo XX, sería, a estas alturas, una vana pretensión. No obstante, resulta inevitable no dejar escapar la oportunidad de rendir un modesto homenaje a la leyenda que es John Lennon. Aun vigente y revistado, apenas descubierto por las nuevas generaciones, ya en las reediciones de sus discos ─con los Beatles o en solitario─, ya en las nuevas plataformas de videojuegos; el hecho es que nos sigue fascinando su vida y su obra, sobre todo cuando se desconocen los detalles escabrosos, las anécdotas memorables, o los sucesos en su vida que inspiraron su música. Para quienes ya han escuchado y vuelto a escuchar su música, deseando que hubiera algo más, el hallazgo de una rola inédita, alguna cinta experimental arrumbada, quién sabe, todo es posible. Vivimos una época de hallazgos (lamentablemente motivada por sobre explotar un producto, o refritear una fórmula): canciones que los Rolling Stones descartaron durante la grabación de un álbum, material inédito de Jimi Hendrix, manuscritos perdidos de Kafka o la inminente publicación de la autobiografía de Mark Twain cien años después de su muerte, quién sabe, tal vez si vivimos lo suficiente, para sobrevivir a Yoko Ono, finalmente sean publicados los diarios de Lennon, quizá no parezca tan emocionante como el supuesto álbum perdido de The Beatles (Everyday Chemistry), pero definitivamente seria un acontecimiento mayor que el hecho de poder comprar la música de los de Liverpool en I Tunes.
Existen muchas maneras de tocar fondo. Nunca es agradable. Un alcoholismo amargo como el de Kerouac, el tiempo que paso Verlaine en prisión tras dispararle a Rimbaud, la locura de Syd Barrett, Neal Cassady muerto en San Miguel de Allende, Charles Baudelaire sifilítico y a los cuidados de su madre, John Lennon… en su autoexilio de cinco años en el edificio Dakota de Nueva York. Al principio quería hablar del Lost Weekend ─separado de Madre, Lennon se pierde año y medio, juergas de rockstar, entusiasmo por las drogas duras y una amante asiática─, pero tras reflexionar por un instante, caigo en la cuenta de que es peor la domesticación que volver a los viejos hábitos.
Es 8 de diciembre, escucho por primera vez (completo) el Double Fantasy ─la doble fantasía, flor de la familia de las fresias, que John, en compañía de su hijo Sean, vio en un jardín botánico durantes su viaje por las Bermudas a mediados de 1980─, pero no escucho la versión original, sino la versión remasterizada y depurada de la sobreproducción original (Double Fantasy Stripped Down), para una primera impresión no puedo decir mucho, ya antes había escuchado algunas canciones, precisamente las compuestas por Lennon, canciones como: Just Like Starting Over, Beautiful Boy, Woman, Watching the Weels o I‘m Losing You; canciones que siempre estuvieron ahí, en la vida que nos ha tocado. Es curioso, jamás tuve un disco de Lennon o The Beatles, ahora sí, pero antes no, y sin embargo, siempre estuve en contacto con su música. Treinta años después de haber sido grabado, escucho un disco del cual algunas de sus piezas siempre han estado presentes, insisto en lo de algunas, para ser exacto la mitad, pues el complemento de la Fantasía Doble son canciones de Yoko Ono, por eso comencé hablando del disco aclarando que en una primera impresión no podía emitir un juicio, y supongo que tal vez pase algún tiempo sin hacer un comentario de la obra como un todo. Los críticos de música al hablar de este disco se limitan a reseñar únicamente las canciones del ex-Beatle, no tiene nada de malo, fue su último trabajo publicado en vida, la última expresión de su genio, sin importar su desfase con las tendencias del momento: la decadencia del progresivo, el efímero movimiento punk que inyecto vida al rock y de paso legó nuevas ramificaciones a la música popular, y el arribo del sonido eminentemente ochentero. Era una época distinta, atrás había quedado la vanguardia de la psicodelia. En ese entonces no creo que su momento haya pasado, Dylan sigue haciendo cosas interesantes, McCartney continua en activo. Si entráramos por un instante al mundo del hubiera, sin duda cabria la posibilidad de toparnos con un disco interesante, pero no podríamos pisar ese terreno por mucho tiempo a pesar de que la rivalidad entre John y Paul habría logrado cosas notables. Lo que si podemos apreciar es la innegable trascendencia de su música, sería pues injusto comparar la última obra de Lennon en el contexto del post-punk.
Líneas atrás mencionaba la domesticación de La Morsa. Tras sus problemas con inmigración y a nada de ser deportado, John Lennon dio un giro a su vida luego recibir a su hijo y la noticia de su recién adquirida residencia en suelo norteamericano, se retiró de la vida pública. Musicalmente su carrera estaba en el limbo, ocasionalmente aparecía en los tabloides. Luego de su muerte a manos de Mark David Chapman, sus últimos años en el retiro y su efímero regreso dieron una nueva dimensión al mito. Es el libro de Robert Rosen, publicado en 2003, un documento esclarecedor y fascinante, pero del cual se debe tomar una saludable distancia. Perfectamente documentado en lo referente a los hechos y apariciones de los Ono Lennon en público, no deja de ser especulativo al referirse a la parte privada e introspectiva de John. Entrar a sus pensamientos, sus sueños, sus peores momentos, es lo que otorga a Nowhere Man: Los últimos días de John Lennon, la categoría de obra fundamental. La leyenda es devuelta a su estado de imperfección y eso se agradece. Otorga un breve soplo de vida a quien innegablemente se ha ganado el derecho a ser recordado. Sin pretensiones de mitificarlo, Rosen nos presenta a la deslucida estrella de rock prisionera de sí, voluntariamente colocada en una jaula de oro. Es por demás sugerente la teoría de que Chapman intercambió lugar con Lennon, pues al matarlo le libera de la prisión de conformidad e intrascendencia en que se ocultaba, y él, Chapman, toma su lugar al ser encarcelado por su crimen, y aunque logra el status de celebridad, lo alcanza por razones equivocadas.

19 agosto, 2009

Pequeño poema en prosa

Un sonámbulo tiene una conversación con su otro yo.

─Te conté de la chica que a veces me guiña un ojo desde el espejo.

─No sabes, es algo atrevida, a veces cuando cree que no la estoy mirando muestra un poco de carne prieta.

─La miro de reojo. Si ella me sorprende mirándola se sonroja.

─Luego hace unos ruiditos extraños, me guiña el ojo y apaga la luz.

23 julio, 2009

feliz 1/4 de siglo Viridchka

si llegas a leer esta entrada feliz cumple. te envié un correo sobre la revista que sacaré en septiembre. site interesa envia me un correo.