15 mayo, 2016

DADA: ABSURDO ANULA ABSURDO ⃰

En un texto previo de este blog, con fecha de febrero, celebrábamos el centenario de Dada. Continuando con las festividades, presentamos a continuación una crónica de lo que fue el origen de las vanguardias.

Como tal, el movimiento Dada nació el 5 de febrero de 1916, en Zurich. Fue en el Cabaret Voltaire, fundado por Hugo Ball, donde se revolucionó la forma de hacer y apreciar el arte en occidente. Ahora bien, es hasta el 15 de mayo de ese mismo año, justo en medio de la primera Guerra Mundial, que se publica un impreso titulado “Cabaret Voltaire”, en el que se utiliza por primera vez (de manera oficial), la palabra Dada para dar nombre al movimiento artístico que originó las vanguardias en el siglo XX. Por eso hemos querido dedicar este artículo a Dada, homenajeando una de las iniciativas que para bien y para mal ha señalado el rumbo de los últimos 100 años en lo referente a las manifestaciones artísticas y culturales. 
Es 1916, la gran guerra se extiende como una nueva peste negra en Europa. Algunos jóvenes, intelectuales y artistas, huyen a Suiza, territorio neutral. En la ciudad de Zurich, se siente el espíritu bohemio. Es el siglo XX, una era de maravillas: la fotografía, el cinematógrafo, el fonógrafo y el automóvil son parte de los usos y costumbres. Y el arte… es una época para sumergirse en las manifestaciones artísticas. Tres años antes Guillaume Apollinaire publicó Alcoholes (1913), y a partir de ese momento la poesía no sería la misma (Zona, poema con el que inicia el libro, es un abismarse a la cuarta dimensión, y prescinde por primera vez de los signos de puntuación). También fue la época en que Joyce escribiría su Ulysses (1922), precisamente en Zurich. Y qué decir de Picasso, sus Señoritas de Avignon (1907) tenían casi una década de haber sido pintadas; para ese momento el malagueño había puesto al mundo patas arriba con el cubismo.
Y con todos esos portentos, el pequeño gesto de un caberet internacional fue lo suficientemente provocador para hacer temblar a las buenas conciencias. El caos en el universo nunca había sido tan bien retratado, hasta ese momento.
Si bien Dada siempre se ha representado en la carismática figura del poeta rumano Tristan Tzara (el hombre aproximativo del monóculo), el movimiento fue posible gracias a la visión de Hugo Ball, escritor y productor alemán, quien apoyado por su amante y luego esposa, la actriz y bailarina Emmy Hennings, tuvo la inquietud de fundar un establecimiento dedicado a la pura expresión del arte, como único medio para sobrellevar el horror de la guerra. Podemos conocer toda la odisea a partir de su diario íntimo Die Flucht aus der Zeit (La huida del tiempo). Hagamos una breve reconstrucción de los hechos.
 Habiéndole pedido a Herr Ephraim el local de la calle Spiegelgasse, donde anteriormente se ubicaba la taberna Meierei, y desde ese momento, hasta ahora, se conocería como el Cabaret Voltaire, Hugo Ball procedería a publicar una nota de prensa invitando a la juventud artística de la ciudad para convidarlos a participar en: “recitales musicales y poéticos, sin tomar en cuenta una tendencia determinada, para que aporten sus proposiciones y colaboraciones”. El 5 de febrero responderían al anuncio un grupo de extravagantes entusiastas: Marcel Janco, Tristan Tzara y Jean Arp. Llegaron alrededor de las 6 pm, momento en que se daban los últimos retoques al establecimiento, colocando: “carteles futuristas, los arcángeles opulentos de Janco, y demás objetos de belleza”. Esa noche Tzara recitaría sus poemas sacando las hojas de lectura de los distintos bolsillos de su sobretodo.
A partir de ese momento cada uno colaboraba con lo que nacía del fondo de sus almas. Hugo Ball administraba el lugar, programaba los distintos actos y tocaba el piano para acompañar las canciones de Emmy y Mademoiselle Lecomte. Tzara declamaba canciones, hablando en francés y alemán. Posteriormente se les uniría Richard Huelsenbeck (amigo de Ball y “anti-amigo” de Tzara), y sus tambores africanos. La gran contribución de Janco vendría al confeccionar una serie de máscaras “negras abstractas”, y al usarlas, todos caerían en una especie de trance, iniciando una “danza trágico-absurda”.  

Posteriormente Ball se iría soltando, animándose a contribuir con poesía fonética y la declamación de algunos fragmentos de su novela avant garde inédita Laurentius Tenderenda. De hecho, sería esta faceta del fundador del cabaret la que lo llevaría a escenificar el performance más icónico y memorable hasta ese momento. Primero vendría el Poéme simultanée (cantado a varias voces), como una afirmación de la vida, aullándole a la sofocante tecnificación que nos deshumaniza. Lo que daría paso, una noche a finales de junio, a la recitación del poema abstracto fonético: O Cadji Beri Bimba. Para dicha actuación, Ball salió al escenario ataviado como obispo con túnica cubista, un traje diseñado por Janco y él, tan ajustado que no podía caminar (lo tuvieron que cargar hasta el escenario), pero tenía libres los brazos, y al agitar los codos parecía batir sus alas, por último, su tocado (de brujo moderno) cilíndrico de rayas azules y blancas. Ante el rabioso aplauso del público recitaría otros poemas: La canción de Labada a las nubes y La caravana de elefantes, llegando a interpretar estas composiciones con una “recitativa de estilo litúrgico”. Al terminar sería bajado del escenario como un “obispo mágico”. Luego de esta actuación Ball sufrió un colapso nervioso.
A pesar de lo desinteresado y lúdico del movimiento, siempre persistió la polémica sobre la paternidad del nombre Dada. Antes de la publicación Cabaret Voltaire, Dada aparece escrito en una entrada del diario de Ball, en abril de ese mismo año. Ahí narra cómo sugiere a Tzara el nombre Dada para bautizar a la revista donde tienen proyectado registrar las acciones y progresos de su movimiento. Se entiende el uso coloquial de la afirmación reiterada en lenguas eslavas: da-da. Y la otra versión del origen del nombre, es suscrita por Tzara como la epifanía de estar buscando un nombre al azar de entre las páginas de un diccionario, dando con un vocablo que en francés significa: caballito de madera. Lo cierto es que un espectador de las originales tertulias Dada estaría festejando “tanto una bufonada como una misa de requiem”.
Quisiera concluir esta aproximación con una cita extraída del diario de Hugo Ball: “Lo que llamamos Dada es una payasada que sale de la nada, pero que abraza todas las cuestiones supremas. Es un gesto de gladiador; un juego que se contenta con migajas tristes (…) El dadaísta ama lo excepcional, lo absurdo. Él sabe que en la contradicción se mantiene la vida, y que su época como ninguna otra antes, tiende a la destrucción de todo lo que es generoso. Por eso acepta con beneplácito cualquier clase de máscara, cualquier juego de escondite al que sea inherente una fuerza engañadora. En medio de la enormidad de lo antinatural, lo directo y lo primitivo le parecen increíbles.”

Dada no significa nada. Y sólo por eso, hoy más que nunca, a 100 años: todo es Dada.

 ⃰ (Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 140,, mayo 15 de 2016  con el título: 100 años de Dada.)

04 mayo, 2016

CAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WAR / DOS PELÍCULAS POR EL PRECIO DE UNA ⃰

I

La premisa es bastante clara: ¿quién vigila a los vigilantes? Pero a diferencia de lo propuesto por Alan Moore hace 30 años en Watchmen, partimos de la idea desarrollada por Mark Millar en el evento que redefinió a la Casa de las Ideas.
Ahora es cosa común el tener un evento cada año, que delimite los universos de papel, y descoloque el status quo de los superhéroes. Comenzó con House of M (Bendis / Coipel), en el que la Bruja Escarlata altera la realidad, haciendo que cada superhéroe viva su deseo más anhelado, pero a cambio, Magneto es el amo absoluto. Lo curioso de estos primeros eventos, es la sensación que generaban en el lector de un cambio de paradigma en sus personajes de siempre, claro que dependía de buenos guionistas el reencausar las aguas a su cuenca natural.


Así pues, hablemos primero de Civil War, el cómic. Mark Millar, es un nombre que ahora es moneda de uso corriente, incluso se habla del Millarworld (Wanted, Kick Ass, Kingsman / Secret Service), pero el guionista escocés tuvo que recorrer un largo trecho para hacerse de su prestigio actual. Inició como protegido de Grant Morrison, a mediados de los 90’s, coescribiendo el arco The Root of All Evil en Swamp Thing (a partir del número 140), para después firmar en solitario el resto de su etapa, y con ello recuperando un poco la esencia que el personaje adquirió durante la época de Moore. A partir de ahí, Millar creó grandes clásicos como Superman: Red Son, The Authority (en sustitución de su creador Warren Ellis), Ultimate X-Men, The Ultimates (cómic que hizo posible a los Avengers de Whedon), y el ya célebre Old Man Logan (que al parecer será el canto del cisne de Hugh Jackman como Wolverine). En medio de los últimos títulos mencionados, tenemos la Civil War que convulsionara el universo Marvel hace más de 10 años.
Inicia con un reality show protagonizado por los New Warrios: Speed Ball, Namorita (prima del Submariner), Night Trasher y Microbe, enfrentándose a un grupo de villanos que escaparon de Ryker. El escenario es Stamford, Connecticut; Namorita acorrala a Nitro contra un camión escolar, y este detona (después nos enteramos que Nitro aumentó sus poderes explosivos al suministrarse HCM: Hormona de Crecimiento Mutante), aproximadamente hay 900 víctimas, en su mayoría niños. En la siguiente escena vemos a los héroes enmascarados apoyando a los bomberos en las labores de rescate y remoción de escombros. La opinión pública, a través de los medios de comunicación, manifiesta su desaprobación de los súper vigilantes fuera de la ley. Se promueve el decreto de registro para los superhumanos, los héroes toman una postura y se forman dos bandos: los que están a favor del registro, liderados por Tony Stark / Iron Man; y los que consideran que el gobierno no debe intervenir en los asuntos de los metahumanos, encabezados por Steve Rogers / Capitán América.



Quedan al margen de la situación los X-Men (en ese momento son vigilados por Shield, que tiene Centinelas custodiando la Mansión X), y Wolverine se dedicará a perseguir al causante de la tragedia en Stamford; por su parte, el Dr. Strange, decide meditar y ayunar, esperando que el conflicto se resuelva con el menor derramamiento de sangre; Black Panther, su esposa Storm, y la nación de Wakanda, también deciden mantenerse neutrales; Namor (Imperius Rex), y la Atlántida, tampoco intervienen, sólo quieren que se les entregue al asesino de Namorita para ejecutarlo según sus leyes.
Dos elementos parecen primordiales para que los líderes de ambos bandos se mantengan en su postura. En el caso de Tony Stark, pesa mucho el lidiar con el dolor de los familiares de las víctimas, que en el cómic quedan representados en Miriam Sharpe, la mujer que perdió a su pequeño hijo Demian en el incidente de Stamford. Por el lado de Steve Rogers, Shield pretende que el Capitán América sea el encargado de arrestar a los héroes anti-registro. Estos elementos en la historia, son puestos para que el lector empatice con la facción de los Vengadores Secretos. Y los aspectos que terminan por inclinar la balanza, son: la muerte de Goliath a manos de Ragnarok (un Thor artificial, creado por Reed Richards y Hank Pym, al conjuntar cibernética e ingeniería genética), y derivado de ello, Spider-Man decidiendo cambiar al bando anti-registro. 
Obviamente en la película no tendremos todos estos elementos y personajes. No hay mutantes en este universo (salvo la Bruja Escarlata y Quicksilver); la película del Dr. Strange todavía no se estrena, por lo que el personaje no formará parte de la trama; Black Panther entrará al ruedo, pero su participación aunque importante, será discreta; la inclusión de Spider-Man no tendrá el mismo impacto que en el cómic, ya que por primera vez se quita la máscara, revelando su identidad secreta: “Me llamo Peter Parker y he sido Spider-Man desde los 15 años”, a lo que Tony le responde: “Disfrútalo, Peter. Ahora eres más grande que Elvis”. Aunque visto desde otra óptica, es todo un acontecimiento tener al Amigable Vecino en el mismo escenario que los Héroes más Poderosos de la Tierra.
Para mantener equilibrada la balanza, luego de la Era de Ultrón salieron de escena Hulk y Thor. Lo cual nos lleva al punto de apreciación de este universo cinematográfico. El gran problema con las películas de Marvel es la necesidad de contenerse y mantener un universo coherente cuyos cambios no pueden ser muy drásticos. Al ser parte de un gran rompecabezas, cada filme debe ceñirse y dejar espacio para la siguiente historia, de ahí que algunas entregas nos parezcan mejores que otras, eso y sus villanos tan de opereta.
Si bien esta película es mil veces superior a Batman v Superman, no deja de ser decepcionante el hecho de estar ante algo que podría ser todavía mejor. Sí, es la tercera entrega del Capitán América, pero al mismo tiempo es un Avengers 2.5, se trata de un intermedio en lo que llega Infinity War. Así pues, no esperen que Tony Stark se vuelva el personaje más odiado; en el cómic necesitó tocar fondo, convertirse en el más buscado, y empezar de cero (por cierto, una gran historia de redención la que llevaron a cabo Matt Fraction y Salvador Larroca), por su parte, Steve Rogers termina la guerra civil de los superhéroes entregándose a la justicia, y finalmente muriendo por un francotirador, aunque luego sabríamos que fue la Agente 13 quien le da el tiro de gracia (narrado magistralmente por Ed Brubaker y Steve Epting).

Por cierto, además de ver la película, pueden conseguir la enésima edición de Civil War publicada por Marvel México. Sin duda el cómic que se ha reeditado más veces y en distintos formatos (grapa, Monster, Deluxe, de bolsillo, y con portadas variantes) en nuestro país. No se priven de apreciar la obra más polémica de Millar, dibujada por Steve McNiven, cuyo arte dota a los héroes de siempre con un halo de realismo difícil de igualar. Además, se trata del mismo equipo creativo (con Dexter Vines en las tintas, y Morry Hollowell en el color) que nos trajo Old Man Logan.

II
(Underoos: Léase después de ver la película)



Algo que estamos aprendiendo los espectadores, es a separar el grano de la paja. Objetivamente diremos que Capitán América: Civil War, no es la mejor película del genero superhéroes por la sencilla razón de que no se permite arriesgar. El cine, como manifestación artística es algo que debe evolucionar, ya sea presentándonos obras decididamente innovadoras y que revolucionan la forma de ver el mundo en determinada época; podemos esperar lo mismo del cine enfocado al entretenimiento. Si bien actualmente se cuenta con mejores herramientas para contar historias en la gran pantalla, lo cierto es que se ha perdido la búsqueda de innovación en nuevas formas y argumentos, y se opta por seguir las fórmulas que traigan resultados y beneficios a los grandes emporios. Lo que si podemos reconocer a Marvel Studios, es la intención de ofrecer un producto articulado y bien definido.
En el mundo de los encapuchados no todo debe ser Dark Knight Returns o Watchmen, y eso se empieza a notar en el UCM. Ciertamente no es el Civil War del cómic, y precisamente al no serlo, y no contar con todo el universo de personajes, y los elementos que hicieron del evento forjado por Millar y McNiven la renovación de la Casa de las Ideas, es que podemos apreciar mejor la evolución de los personajes en la gran pantalla. Seguirán su propio rumbo, y se acercarán mucho mejor a las versiones en papel, pero no tienen por qué ser una copia de los cómics.

(22 años después se reencuentran la tía May y Tony Stark)


Algo que ya experimentamos hace casi una década y un lustro, fue la irrupción del universo Ultimate, y en específico nos referimos a lo realizado por Bendis y Bagley en Ultimate Spider-Man. Parece que finalmente veremos al Hombre Araña definitivo del celuloide. Luego de cinco películas y dos actores enfundados en la piel del trepamuros, es momentos de aprender de los errores pasados, y aprovechar los aciertos, que también los hubo. El traje es un claro guiño al Spidey de Romita Sr.; la telaraña finalmente es creación de un chico quinceañero (como en el original de Lee y Ditko); nuestro héroe cuenta con el apoyo y patrocinio de Tony Stark/Iron Man (vínculo que se desarrolló en la versión Ultimate); la tía May es una MILF, pero no se confundan, pues la actriz Marisa Tomei tiene 51 años, edad suficiente para ser la tía de un adolescente, lo que nos lleva al actor Tom Holland, que si bien tiene 19 años, es quien mejor se acerca a encarnar al Peter Parker adolescente de los cómics, además, bien podría ser el hijo de la actriz que encarnará a su tía en pantalla; por último, si se vuelve realidad el rumor de que el villano que inaugurará esta nueva saga es the Vulture (el Buitre), nos permitirá apreciar a un personaje hasta ahora no utilizado en las películas (se tenía planeado integrarlo a los Sinister Six), y además, se trata del primer enemigo clásico y memorable (su primera aparición fue en el Amazing Spider-Man número 2).


Otro aspecto destacable de Civil War, es la expansión del universo Avengers al interactuar estos con Peter Parker/Spider-Man, Scott Lang/Ant Man (y Giant Man), T’Challa / Black Panther; además de la evolución en otros personajes, particularmente el acercamiento entre Wanda y Vision.

Sin duda como cierre en la trilogía del Capitán América, esta cinta supera la clausura en la saga Iron Man (a menos que nos tengan preparada una cuarta entrega del futurista Tony Stark), y se comprende que lo forzado en la trama atiende al hecho de que estamos ante una película de transición, lo interesante es que las ramificaciones pueden ir en varias direcciones, y es probablemente, el punto de inflexión para cosas nuevas y mucho más arriesgadas.    

 ⃰ (Versión extendida de lo publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 139, 
Mayo 2 de 2016.)

27 abril, 2016

CALVIN Y HOBBES: MÉXICO SE SACA LA RIFA DEL TIGRE ⃰


Llega una nueva propuesta de cómics a México. Ahora se trata de una editorial enfocada a la publicación de libros. El sello Océano Travesía nos trae al Calvin y Hobbes de Bill Watterson.
No es la primera vez que una editorial enfocada a la publicación de libros imprime propuestas de narrativa gráfica en nuestro país. Caligrama llegó a editar: Nocturno, El Cadáver y el Sofá, ambos de Tony Sandoval; algunos recopilatorios de El Bulbo, creación de Bachan; y reeditó Operación Bolívar (considerada la primera novela gráfica mexicana), de Edgar Clement. Por su parte Editorial Resistencia ha publicado los títulos: Monorama 1 y 2, de Bef (alias Bernardo Fernandez); Epidemia de Melancolía, también de Sandoval; Comixtlan, y Yoni la Torta, del maestro Luis Fernando; Visones y Evasiones, de Cecilia Pego; o El cara de Memorándum, obra maestra de Manuel Ahumada y Jaime López. Por su parte, Sexto Piso ha venido publicando los recopilatorios de Macanudo, y En dosis diarias, realizados por los moneros Liniers y Alberto Montt; de Peter Kupper, los Diarios de Oaxaca y Nueva York, y El Sistema; Jis con su libro Sexo; Era la guerra de las trincheras, del francés Jacques Tardi;  y Bef con su novela gráfica Uncle Bill, que narra la historia de William Burroughs en México (Autonomía no. 105). Incluso en su momento Editorial Vid editó el Buba Libro Comix, de José Quintero. Este pequeño recuento, demuestra por un lado, que no somos ajenos a la recepción de historietas en formato de libro, y por el otro, que el talento mexicano posee un rico muestrario en lo que a narrativa gráfica se refiere.    

(Primera tira de Calvin y Hobbes, 1985)

Pero, ¿qué es Calvin y Hobbes? Se trata de una tira cómica, con una trayectoria de 10 años, publicada diariamente desde el 18 de noviembre de 1985 hasta el 31 de diciembre de 1995. En ella, el autor Bill Watterson, que escribe y dibuja, nos presenta las aventuras de Calvin, un hiperactivo niño de 6 años, y Hobbes, su tigre de peluche, el cual sólo cobra vida en presencia del niño, o por lo menos es como él lo percibe. Los nombres de los personajes están tomados de las figuras históricas: Juan Calvino, teólogo del siglo XVI, creyente de la predestinación y fundador del Calvinismo; y Thomas Hobbes, filosofó del siglo XVII, cuya visión de la naturaleza humana era negativa, lo cual queda patente en su principal obra Leviatán.
La relación entre ambos personajes refleja su compañerismo y complicidad. Mientras Calvin expresa las inquietudes y capacidad de asombro del propio Watterson, el amigo Hobbes, descrito por el autor como: bonachón, inteligente y entusiasta, resulta una especie de conciencia externa para Calvin.


Los otros personajes recurrentes en las tiras de Calvin y Hobbes son: sus padres (conocidos sólo como Papá y Mamá, pues nunca se mencionan sus nombres, y tampoco el apellido de Calvin); Susie Derkins, vecina y compañera de clase de Calvin, Miss Wormwood, profesora de Calvin y Susie; Rosalyn, la niñera oficial de Calvin; y Moe, el bully de la escuela.
Es bastante curioso el caso de Bill Watterson en la industria de las historietas, pues consigue lo que muchos quisieran, crear una tira cómica popular, y es que luego de un año ya se publicaba en más de 240 periódicos, y pese a la presión de su editorial para aprobar merchandisig que ayudara a la promoción de los libros recopilatorios con las tiras de prensa, Watterson no cedió, pues comprendió que eso corrompería el espíritu e integridad de su proyecto. Por lo que mucha de la parafernalia en torno a Calvin y Hobbes (stickers, llaveros, muñecos de peluche, tazas y camisetas), son producto de la piratería. También consideró la posibilidad de llevar a sus personajes al terreno de la animación, idea que descartó al considerar que un trabajo de tal magnitud le impediría asumir control total de su obra, y en parte porque le angustiaba el tener que elegir las voces para dar vida a sus creaciones. Además de eso, el autor no era afecto a sobreexponer su imagen en los medios, sencillamente quería que su trabajo, y no su persona, destacara.


Un dato curioso que nos permitimos agregar, es el homenaje que se hace a Watterson en el cómic Locke & Key, creación del guionista Joe Hill (hijo de Stephen King), y el dibujante Gabriel Rodriguez; específicamente en el capítulo 1 del arco Keys to the Kingdom, donde Rodriguez intercala su trazo habitual con un estilo inspirado en el arte de Calvin y Hobbes; en este caso desde la perspectiva del Bode (el más pequeño de la familia Locke), que encuentra una llave que le permite convertirse en gorrión; también destaca de este episodio la composición y diseño, pues cada página se compone de cuatro viñetas centradas en vertical, y el fondo alusivo a lo que ocurre en cada tira. El cómic en cuestión fue uno de los últimos que publicó este año el sello Bruguera en nuestro país; esperemos que lleguen a completar la obra.

(Última tira de Calvin y Hobbes, 1995)

Regresando al libro que nos ocupa, Calvin y Hobbes Diez Años, se trata de la  recopilación que se publicó originalmente en Estados Unidos, con motivo del décimo aniversario de la tira. La traducción corre a cargo de Sandra Sepúlveda Martín. Este libro es el mejor punto de partida para adentrarnos en la obra, ya que selecciona algunas de las mejores tiras, tanto en blanco y negro, como las dominicales a color, y contiene comentarios del propio autor. La edición es de buen tamaño: 30.3 x 23 x 1.4 (cm); 212 páginas en formato apaisado, y tiene un costo de $ 315 (pesos mexicanos), inversión que vale la pena, ya que aparecen dos tiras por página, lo que permite apreciar mejor el arte de Watterson. Se encuentra disponible en librerías (principalmente Gandhi y Sanborns). Es considerada la última gran tira cómica del siglo XX; obviamente es deudora del Peanuts de Charles Schulz. Sin duda una obra que disfrutarán chicos y grandes.

Por último, también se comenta que Editorial Océano pretende publicar en nuestro país otros títulos del noveno arte, de los que ya se tiene confirmación en redes sociales tenemos: Nimona, de Noelle Stevenson (también coautora del aclamado por la crítica Lumberjanes); y Descender, de Jeff Lemire y Dustin Nguyen, publicado por el sello Image. A este paso alguien se animará a traer por fin lo mejor de los grandes del cómic indie: Daniel Clowes, Adrian Tomine, Charles Burns y los Bros Hernandez. Esperemos que así sea.

 ⃰ (Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 138 / abril 17 de 2016.)

09 abril, 2016

DAREDEVIL: Lo que necesitas saber para la segunda temporada ⃰

El plazo se cumplió. El pasado 18 de marzo, Netflix estrenó la segunda temporada del Hombre sin Miedo. En lugar de la acostumbrada reseña saturada de spoilers, se presentaran los datos esenciales que les permitan disfrutar mejor esta adaptación del Diablo de Hell’s Kitchen.
Con el Kingpin (Vincent D’Onofrio) fuera de la jugada, pareciera que las cosas van a mejorar, pero se crea un vacío de poder, y es aquí donde entran al ruedo The Punisher (Jon Bernthal) y Elektra (Élodie Yung). Ambos personajes han participado en el cómic de Daredevil, y han servido de contrapunto a la vida y motivaciones de Matt Murdock.


Primero hablemos de Frank Castle. Creado en 1974 por el guionista Gerry Conway, y los dibujantes John Romita Sr. y Ross Andru; el Castigador hace su primera aparición en las páginas de The Amazing Spider-Man 129, como antagonista del trepamuros (gracias a un engaño de Jackal). A partir de ahí, fue ganando popularidad hasta obtener su primer miniserie The Punisher/Circulo de Sangre (1986), escrita por Steve Grant y dibujada por Mike Zeck (también artista de La última cacería de Kraven), para más tarde obtener su serie regular, iniciada en 1987 por Mike Baron y Klaus Janson.
Si hablamos de los enfrentamientos más memorables entre Castle y Murdock, debemos remitirnos a su primera confrontación, la historia en dos partes: Child´s Play, realizada por Frank Miller dentro de la serie Daredevil, números 183 y 184, en la que coinciden para atrapar a un traficante que vende drogas a niños. El siguiente encuentro digno de mención, lo encontramos en la misma revista, específicamente el ejemplar 257, con guion de Ann Nocenti, y arte de John Romita Jr., en este episodio apreciamos el duelo de los personajes, desde la óptica del criminal que persiguen, un pesista de nombre Coppersmith, quien se desquició cuando fue despedido de su trabajo, ofreciéndonos cómo la gente real percibe a estos vigilantes. Y el que sin duda resulta el enfrentamiento definitivo (y que alguna vez publicara la extinta Editorial Vid), bajo el sello Marvel Knights: The Punisher, Vol. 4, número 3, titulado “The Choice”, donde la mancuerna Ennis/Dillon ponen al Diablo de Hell´s Kitchen a experimentar las decisiones que a diario toma Castle cuando se trata de criminales. En esta ocasión Punisher tiene la ventaja, y noquea a Murdock con un arma aturdidora, una vez que Daredevil despierta, se encuentra encadenado, apuntando un arma directo a la cabeza de Castle, si quiere evitar que éste ejecute al objetivo, deberá matar al Castigador. El dilema queda planteado cuando Daredevil pregunta: “¿Qué clase de decisión es ésta…?”, y Punisher responde, “La que hago cada vez que jalo del gatillo”. Sin duda esa viñeta resume el enfrentamiento que veremos en pantalla.





El primer capítulo de esta segunda temporada nos plantea una aparente calma luego de la caída del imperio de Fisk. Argumentalmente es un inicio relativamente más tranquilo, los personajes principales ya están definidos, y viven las consecuencias de la primera temporada. La dinámica entre Matt (Charlie Cox) y Foggy (Elden Henson), se vuelve todavía más interesante ahora que Foggy conoce el secreto del enmascarado, lo cual afectará su forma de llevar la firma Nelson & Murdock. La manera de introducir a Punisher en la serie será similar a como se nos presentó al Kingpin, sugiriendo y mencionando sus acciones fuera de cuadro, hasta que se da el inevitable primer encuentro de vigilantes.
La figura del Castigador permitirá a Matt redefinir su brújula moral, saber qué tanto está dispuesto a cruzar la delgada línea entre justicia y venganza. Los nuevos personajes (Punisher y Elektra), en lugar de robar reflector a nuestros protagonistas, les permitirán crecer y replantearse en sus motivaciones, no sólo los “avocados at law”, también Karen Page (Deborah Ann Woll), quien ya se vio, no es la típica damisela en apuros, sino un personaje con carácter, y que tiene mucho para ofrecer: imaginen las posibilidades de adaptar a la pantalla Born Again, y la importancia que tiene Karen en dichos acontecimientos, no en balde, se trata del principal interés romántico de Matt (con permiso de la señorita Natchios).


Siguiendo con la otra adición importante de esta temporada, revisemos los antecedentes en cómic de Elektra. Aparece por primera vez en la revista Daredevil, número 168; se trata de una creación original del maestro Frank Miller. De cierta manera, viene a ser el molde para futuras femme fatale aparecidas en la historieta del Diablo Guardián (Typhoid Mary, de la dupla Nocenti/Romita Jr.; y Echo, creación de Mack/Quesada). Un personaje tan carismático, y cuyo impacto luego de su precipitada muerte a manos de Bullseye, en el episodio 181, nos dejara con menos de 15 capítulos de la asesina ninja más popular, por lo que Marvel hizo que se le reviviera, en contra de los deseos de su creador. Si bien el mismo Miller volvería a escribir al personaje, esta vez haciendo mancuerna con el artista Bill Sienkiewicz en la serie de 12 números, Elektra Assassin; en la miniserie Daredevil: The Man without Fear, con Romita Jr.; y de nuevo como artista completo en Elektra Lives Again.
El personaje interpretado por la francesa Élodie Yung, irrumpirá como un apoyo para las tareas del vigilante y protector de Hell´s Kitchen, quien en su identidad de civil tiene un pasado con Elektra. Nuevamente entran en escena Stick y los Yakuza, más específicamente, el culto de ninjas asesinos conocido como La Mano, quienes poseen conocimiento en las artes oscuras para resucitar a los muertos. Estos grupos criminales se mantuvieron en las sombras, mientras el “enmascarado” terminaba con la organización del Kingpin. Pero ahora Daredevil no está sólo, cuenta con aliados y enemigos, y la posibilidad de que esos roles se inviertan.






Sin duda estamos ante versiones de Punisher y Elektra, bien cuidadas y mucho más impactantes que las anteriores adaptaciones a cine. En el caso del Castigador, podemos equipararlo a su versión en papel, en el sello para adultos de Marvel, Max Comics. En cuanto a la ninja de ascendencia griega, estamos ante una personalidad un poco diferente a la que ideara Miller, pero igual de fascinante que en la historieta. Lo que nos demuestra que aún pueden realizarse interpretaciones fieles a los cómics, y relevantes al momento que estamos viviendo.

Falta todavía el elemento que afiance a los Defensores (Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist), por ahora continúan las menciones, y el vínculo de la enfermera nocturna, Clare Temple (Rosario Dawson). Sabemos que la serie de Luke Cage ha sido anunciada para estrenarse el próximo 30 de septiembre. Así pues, el universo televisivo de Marvel sigue en expansión.  

 ⃰ Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 136, Marzo 20 de 2016.

BATMAN V SUPERMAN: WORLD´S FINEST Y EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES ⃰

Poco más de una semana desde el estreno de Batman v Superman: El amanecer de la justicia. Es como despertar de una atroz resaca, la gran diferencia es que nos acordamos del ridículo cometido, y afortunadamente nos alegramos de no haber sido nosotros.


Basta con hacer referencia al Sad Affleck, musicalizado con The sounds of silence de Simon & Garfunkel. El lector dirá que quiero hacer leña del árbol caído, lo cual es totalmente cierto. La película es completamente inconsistente. Ni siquiera se pretende enfatizar el hecho de que las versiones de los personajes son muy diferentes a los del cómic. Sus personalidades, motivaciones, y manera de interactuar entre ellos se ven forzadas, como consecuencia de haber precipitado en una sola película lo que debió desarrollarse por lo menos en tres.
Sin duda quienes defienden esta adaptación lo hacen a partir de las escenas rescatables. Hay que hablar con la verdad, visualmente es un portento. Las caracterizaciones de los personajes principales aparecen verosímiles para la época que vivimos, principalmente el Batman tipo Dark Knight de Frank Miller, y Gal Gadot enfundada en el traje de la Wonder Woman. Lamentablemente no podemos decir lo mismo de sus motivaciones. Tratándose de un Batman veterano, con la experiencia suficiente para considerarle el “mejor detective del mundo”, y el gran estratega que siempre piensa en todo, cae muy fácilmente en la trampa de Lex Luthor, quien por su parte deja ver cierto grado de genialidad y megalomanía, pero sus motivaciones nunca nos quedan claras, tal vez por falta de tiempo para desarrollar al personaje, y por ello los guionistas deciden dotarlo de un desequilibrio mental (bastante afectado, cabe decirlo), lo cual choca con la esencia del personaje, pues si algo posee es un gran intelecto que sólo compite con su ego desmedido, razón por la cual el Lex de los cómics nunca descubre que Clark Kent y Superman son la misma persona, cosa que el personaje de Jesse Eisenberg si sabe.


Esa es otra cosa que juega en contra de esta versión en la que por primera vez se reúne la trinidad de DC Comics en la gran pantalla. Los tres héroes poseen identidades civiles y sus alter ego disfrazados. El hombre de acero de Henry Cavill es aceptable siempre y cuando se pusiera realmente a actuar como Superman, el gran salvador de la humanidad, que invariablemente llega a tiempo, no sólo para salvar a Lois Laine, sino a todo aquel que se encuentre en peligro (no habría dejado morir al fotógrafo corresponsal que acompañaba a Lois, quien además de ser agente de la CIA, se supone era Jimmy Olsen), también sabe calcular los riesgos y daño colateral en cualquier batalla, ejemplo de ello fue llevarse a Doomsday para pelear en el espacio (aprendió la lección de su batalla con Zod y los demás kriptonianos).
Ya mencionábamos las discrepancias entre el Caballero Oscuro de Ben Affleck, y el cruzado encapotado de las viñetas. Su larga trayectoria como combatiente del crimen le habría permitido juzgar mejor las intenciones de Superman, o al menos lo habría hecho si éste realmente encarnara los valores que lo acreditan como el primero y el mejor. Además, si Batman tuvo dieciocho meses para preparar su combate con el hombre de acero, en ese tiempo se habría tomado la molestia de investigar más allá de su debilidad, llegando a conocer su identidad secreta. Difícil no era: el Clark  Kent de Cavill no sabe despistar, sólo es Superman en ropa de civil y gafas; el verdadero Clark es introvertido y torpe, como lo plasmara Christopher Reeve en la versión de Richard Donner de 1978. Sin duda alguien debería prestarle a Zack Snyder una copia de la miniserie All-Star Superman de Morrison y Quitely, pues sólo se inspiró en la parte más controversial del hombre de acero post-Crisis de John Byrne. De la Mujer Maravilla dejamos los comentarios para cuando veamos su película, pues en su faceta de Diana Prince sólo se mostró como la típica socialité.


Pero lo verdaderamente inverosímil es la manera en que cesa el conflicto entre Superman y Batman (calcado, pero incomprendido, de El Regreso del Caballero de la Noche de Miller, Janson y Varley, que se publicara por primera vez en 1986). Batman está a punto de matar a Superman con la lanza de kriptonita, pero se detiene al escuchar el nombre de Martha, en voz del hombre de acero. Debo confesar que al ver esa parte caí por primera vez en la cuenta de que llevan el mismo nombre la señora Kent y la difunta Martha Wayne, probablemente porque esta última siempre aparece en los cómics como un recuerdo que persigue al huérfano Bruce. ¿Y esto es lo que sostiene y forja El amanecer de la justicia? Mejor debieron llamarla El ocaso de los dioses, y musicalizarla con la opera de Wagner.
Mientras los héroes de DC se inspiran en mitos y deidades griegas, los personajes de Marvel nacen de la era atómica, que transforma a personas comunes en maravillas de la posmodernidad, y tal parece que el patrón se sigue repitiendo en la gran pantalla.  
Se ha fetichizado la fantasía superheroica, pero al punto de equipararla con un caso clínico diagnosticado por Freud, que gustaba de las desviaciones y perversiones que moran en el corazón humano. Pero se trata de Batman y Superman, los mejores del mundo. Si como yo quieren quitarse el mal sabor de boca, vean la película animada World’s Finest, producida por Bruce Timm, o bien, lean la edición Definitive que lleva el mismo título, recién publicada por editorial Televisa. Es una serie limitada, tres números de 48 páginas (impresos originalmente en 1990) reunidos en un sólo tomo de gran formato. El guión es de Dave Gibbons (Watchmen), y el trazo de Steve Rude (Nexus), juntos crean una historia bastante entretenida y muy bien hilvanada, se nota el conocimiento que el guionista posee sobre los personajes, sus motivaciones y la forma que tienen de interactuar. Incluso se establecen vínculos y paralelismos entre los personajes secundarios: James Gordon y Perry White, Alfred Pennyworth y Lois Lane, además, se presenta la alianza/cambio de roles, entre el Joker y Lex Luthor.




Mención especial merece el dibujo de Steve Rude (con acabados de Karl Kesel y color de Steve Oliff), es un trazo limpio y dinámico, representa lo mejor de estilo que imperaba en los 80´s. Las caracterizaciones de Superman y Batman, que realiza Rude, homenajean a las versiones originales. La composición de página y el arte secuencial son ejemplo del mejor cómic mainstream con actitud indie. No pierdan la oportunidad de explorar esta novela gráfica.    

 ⃰ Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 137, Abril 3 de 2016.

10 marzo, 2016

MOEBIUS: A cuatro años de su muerte


Fue un 10 de marzo de 2012, en que se fue uno de los más grandes dibujantes de la bande dessinée, y del cómic en general. 
     En aquel momento, The Owl y un servidor, nos embarcamos en el proyecto más personal en el que hemos trabajamos hasta ahora, hablo de la revista Si a Saturno vas. El no. 6, con fecha del 29 de marzo de 2012, lo dedicamos al maestro Moebius, aquí le comparto el texto que escribí para dicha publicación.

El largo mañana de Moebius 
(1938-2012)

Con este ejemplar de “Si a saturno vas”, le dedicamos un pequeño, muy pequeño homenaje al dibujante de comics francés Jean Giraud / Moebius, que falleciera el pasado 10 de marzo de 2012, a la edad de 73 años.
Hablar de Gir / Moebius, es hablar de dos dibujantes excepcionales, quedando más patente la influencia del segundo, que me atrevería a equipararcon el genio de Alan Moore, si bien esta comparación resulta chocante si intentamos cuantificar cuál ha sido más influyente en la cultura popular de finales del siglo XX y lo que va de este siglo, y además es injusto tanto para el de Northampton como para el autor del Garage Hermético, pues uno es guionista y el otro es dibujante. Limitémonos a decir que lo que Moore ha hecho por los superhéroes (en ambos lados del Atlántico), es tan importante como la visión estética de Moebius en el cómic y el cine de ciencia ficción.



En 1964 es conocido por sus trazos en Blueberry, cómic francés de género western, para la revista Pilote (en la que también se publicaba Astérix), formando dupla con el escritor Jean-Michel Charlier; aquí Moebius firma con su nombre real, Jean Giraud. Ambos autores realizan 26 álbumes, hasta que muere Charlier y entonces Gir se encarga también de los guiones.
Para comprender el genio de Moebius es necesario ahondar en su vida personal. Cuando Giraud tenía 16 años su madre se casó con un mexicano. Dejaron Francia y se mudaron a México donde aprendió a hablar español y descubrió el sexo, el jazz y la marihuana, que no abandonaría hasta los 65 años, así como al escritor, director de cine y psicómago Alejandro Jodorowski, quien le hizo descubrir el tarot y la obra de Carlos Castaneda. El desierto mexicano y los rituales chamanes le ayudan en su “búsqueda metafísica”; es así como a finales de los 60 decide hacer historias de ciencia ficción y crea el pseudónimo Moebius, que tomó de un matemático alemán. “Tengo dos polos, dos gestos. Cuando estoy en la piel de Moebius, intento escaparme de mi ‘yo’, dibujo en estado de trance”, explicó en una entrevista.


En los 70´s Moebius forma el grupo “Les Humanoïdes Associés”, y junto con ellos da vida a la mítica revista Metal Hurlant ―que después los gringos se fusilarían con la publicación Heavy Metal, la cual llegó a traducir historias aparecidas en su símil francesa―, en la que aparecen sus mejores obras: The Long Tomorrow, con guión de O’Bannon, Arzach, El garaje hermético y El Incal, esta última con Jodorowski a principios de los 80. No podemos dejar de mencionar que en 1988 colabora con Stan Lee en la realización de una pequeña novela gráfica de Silver Surfer, “Parábola” (publicada originalmente en dos números de unas 24 páginas cada uno), en la que Moebius experimenta la dinámica Marvel: el guionista desarrolla una trama a manera de sinopsis, el dibujante la trasforma en arte secuencial y finalmente el guionista escribe los diálogos.



Fue el esplendor de Moebius, y no sólo en los cómics, pues desde su época en Metal Hurlant ya colaboraba con storyboards, diseño de personajes y escenarios para películas de ciencia ficción, entre las cuales podemos destacar Alien, de Ridley Scott, en la que comparte el trabajo de diseño y adaptación con: Dan O’Bannon, Christian Foss y H. R. Giger. También aportó diseños para: Tron (la original de 1982); Masters of the Universe (en la que sólo utilizaron el traje de He-Man); Willow; algunos diseños para El imperio Contraataca; Abyss, de James Cameron; y El Quinto Elemento, película donde se retoman conceptos y atmósferas propias de El Incal y The Long Tomorrow, pero afortunadamente contó con diseños de Moebius; esto último lo menciono porque no fue así en el caso de Blade Runner, también de Ridley Scott, en la que se echó mano de elementos gráficos y narrativos de sus comics, en particular The Long Tomorrow y no se le dio crédito alguno (algo similar pasaría en los noventa cuando los Wachowski se fusilaron la trama de Los invisibles de Grant Morrison, para su trilogía de Matrix).



Uno de los últimos trabajos de Moebius, tras dejar la marihuana a los 65 años, a manera de diario, fue la serie de álbumes “Inside Moebius”, metanarración en la que aparecen algunos de sus personajes más importantes: Arzach, el teniente Blueberry, el mayor Grubert, etc., con los que interactúa y se le rebelan.


        Para concluir este pequeño homenaje, a continuación se incluye una pequeña historieta, escrita y dibujada por The Owl, para recordar al maestro Moebius.



        La mejor manera de recordar a un gran artista, es disfrutando de su obra, así que este día me voy a permitir un viaje a las profundidades del inconsciente leyendo "El garaje hermético". Si pueden, dense la oportunidad de leer las maravillosas creaciones de Moebius, les aseguro que les volará la cabeza.