14 mayo, 2017

CONQUE 2017: VUELVE LA MÍTICA CONVENCIÓN QUETZALCOATL*

Llevo casi 25 años como lector de historietas, la culpa la tuvo la edición mexicana de La muerte de Superman, que publicó Editorial Vid allá por 1993. Ese cómic marcó mi gusto por los monos, el cual se afianzó con las series animadas de Batman y los X-Men (la popularidad de ésta última nos trajo la edición nacional de los hijos del átomo dibujada por Jim Lee). Y fue hasta el pasado fin de semana (del 5 al 7 de mayo), que asistí a mi primera convención de historietas, Conque. El evento se llevó a cabo en el centro de convenciones de la ciudad de Querétaro, que está ubicado en lo alto de un cerro.


            Actualmente los cómics están de moda por las películas de superhéroes, no obstante, para los lectores de mi generación y generaciones anteriores, que teníamos pocas opciones de lectura que fueran algo diferente a Spider-Man o Batman, y con un internet que apenas daba sus primeros pasos, sabíamos apreciar cada historieta que caía en nuestras manos, desarrollando una sensibilidad y un gusto necesarios para saber separar el grano de la paja. Así pues, hoy por hoy con la gran variedad de títulos que se publican mensualmente en nuestro país, eventos como la Mole o Conque, sirven de escaparate para encontrar algo más, y al mismo tiempo vivir la experiencia de conocer a los autores cuyo trabajo apreciamos.


             La ventaja de que la Conque se llevara a cabo en Querétaro, es una ubicación que permite que asistamos de distintas partes de la república, coincidiendo en un mismo lugar: lectores, coleccionistas, fans, posers y uno que otro despistado que piensa que Stan Lee es el viejito que se hizo famoso por hacer caméos en las películas de Marvel. A tres horas y media de Aguascalientes, la distancia se acorta, y resulta cómodo viajar a una ciudad más accesible y amigable que la CDMX.
A continuación una pequeña crónica de lo ocurrido: llegué a la central de Querétaro a las 5:30 am del viernes 5. Para llegar a mi hotel sólo tenía que cruzar un puente peatonal, así que opté por esperar a que saliera el sol para ir a dejar mis cosas al hotel. Compré el pase de tres días casi con seis meses de anticipación, y tomé la precaución de imprimir mi boleto. Apenas tres meses antes del evento pagué las dos noches que me iba quedar en el hotel. Un día antes del evento compré mi pasaje de ida, intuyendo que no serían muchos los hidrocálidos que asistiríamos a la convención. Se suponía que habría rutas de camiones urbanos a la convención, pero estos no salían de la central sino de la Alameda. Para ahorrarme lo del taxi opté por irme caminando. De la Central a la Conque se hacen 35 minutos a pie, claro que hay que ir de subida, y la idea es ir ligero si piensas comprar varias cosas. Se recomienda un buen almuerzo para el camino y una botella de agua grande (no se permite el introducir alimentos y bebidas), llegar a la fila entre 9 y 9:30, para entrar a partir de las 10 am; tuve un rápido acceso gracias al pase de tres días. Ese primer día pude asistir a la presentación de Champions, el nuevo cómic de Marvel (que empezaba a las 10:30), hice una espera de 10 minutos y me tocó en segunda fila; estaba Mark Waid (guionista), Humberto Ramos (dibujante), Víctor Olazaba (entintador), y Edgar Delgado (colorista), salvo por el escritor, los demás artistas son mexicanos.

Humberto Ramos y Mark Waid

Luego pasé a los stands, donde se vendían juguetes, cómics de licencia en español, historieta en inglés (reciente y algunos títulos publicados en los últimos 30 años), algunas ediciones mexicanas de los 70´s a los 90´s, también libros y novela gráfica de Norma Editorial; espacios para tomarse fotos con memorabilia de personajes, o que simulan escenas de películas, y el espacio, a mi parecer más importante, la zona de artistas, denominada “San Garabato”, en la que podía encontrarse gente de renombre como: Sergio Aragonés y Arthur Adams; los actuales maestros del cómic nacional: Bachan, Bef, Edgar Clément, Pato Delgado, Luis Fernando, Augusto Mora, Rubén Lara (el Bachiller), Polo Jasso, Jis y Trino, Axel Medellín, Micro, Tony Sandoval, Raúl Treviño; o jóvenes talentos: Eva Cabrera, Tania Camacho y Esteban Martínez (Jours de Papier), Edgarcito (autor de Tiras sin sentido), Palmira Campaña, Axur Eneas, Alejandra Gámez, Ariel Orea, Jonathan Rosas, Verde Agua; estos artistas llevan su trabajo para venta al público. Ofrecen: historietas, novelas gráficas, artbooks, sketchbooks, prints, litografías, stickers, camisetas,  realizan sketches o comissions. Aquí la convivencia con el artista es muy cercana, la gente les pide autógrafos o se toman fotos con ellos. Aquí nos damos cuenta que la historieta mexicana sigue viva, con propuestas de calidad variable. Sin duda hay mucho talento.
La mayoría de los autores en San Garabato apuestan por la auto-publicación o el formato de novela gráfica. Ya no es la gran industria del cómic mexicano, cuyos tirajes semanales de millones de ejemplares superaba lo publicado en Japón o Estados Unidos, vivimos una época en la que se busca atraer un sector específico del público, quizá más reducido, pero ávido de consumir todo lo que su autor produce. Esa es la finalidad de un foro como San Garabato, motivo por el que Conque se vuelve el evento idóneo para que los autores muestren sus propuestas.
El siguiente evento al que asistí, fue la conferencia: El cómic más allá de las capitas, donde los autores Luis Fernando, Axel Medellín, Tony Sandoval y Raúl Treviño, dieron sus impresiones respecto a los temas que abordan en sus historietas, alejados del género de superhéroes, explorando en cambio temáticas intimistas, ciencia ficción y fantasía, creando propuestas cercanas a nuestra realidad, mucho más interesantes que casi todo lo publicado por Marvel o DC.
Luis Fernando, Axel Medellín y Tony Sandoval

Más tarde, la presentación de Crimson, cómic de: Humberto Ramos, Francisco Haghenbeck y Oscar Pinto.

Un sólo día no es suficiente para verlo todo. El sábado estuvo más concurrido, las entradas estaban agotadas desde temprano. Fue el momento para cazar autógrafos, aunque las largas filas hacen que uno considere que no son tan importantes, más si la intención es conocer a los artistas, dejando las firmas para los especuladores que esperan se incremente el valor de sus coleccionables. A pesar de ello, conseguí las firmas de Humberto Ramos, Sergio Aragonés y Arthur Adams (para este último no me tuve que formar). Disfruté más el convivir con el talento mexicano, conocer su trabajo, cambiar impresiones.
Sergio Aragonés, uno de los últimos grandes maestros.

Arthur Adams, el mejor dibujante de Gorilas y Converse.

No es necesario quedarse todo el día en la convención, también hay mucho que ver en el centro histórico de Querétaro. Si se asisten los tres días, se puede aprovechar el tiempo entre la Conque y turistear.

Luis Gantús, Alejandra Gámez y Bef, en la presentación de: Un instante amarillo.

Para el tercer día, apenas alcancé la presentación de la nueva novela gráfica de Bef: Un instante amarillo, editada en la colección Historias Gráficas, de Océano (y que merece una reseña en este espacio). Dos fueron los momentos que personalmente hicieron que valiera la pena el viaje. Primero, conocer a Tony Sandoval, autor sonorense que tiene 10 años viviendo y publicando en Europa; llevaba su novela gráfica Nocturno, reeditada en un sólo tomo por Caligrama, y un nuevo libro para México: Entre Brujas y Vientos, una colección de historias cortas bajo el sello Resistencia; además de estos libros, pude conseguir que Tony me dibujara un original en acuarela, que me entregó el domingo, el cual cada que lo veo me quita el aliento. El otro momento, la conferencia de Stan Lee en el teatro Metropolitano; a pesar de no haber alcanzado lugar, decidí sentarme afuera del teatro y ver el evento en una pantalla gigante. Parecía el cierre perfecto, y en el último momento, sin que nadie se lo esperara, Stan Lee salió a un balcón del teatro y saludó al respetable. La gente no lo podía creer.
Tony Sandoval y su hermano Gabo.

Veinte años después: las dos versiones de Nocturno (1997-2017)

En primer plano los separadores que regalé a los artistas, al fondo, la versión de Tony en acuarela de Lichita y su Conejito Prieto.

Stan Lee en el Teatro Metropolitano de Queretaro.

Humberto Ramos y Stan Lee.

El caméo de Stan para quienes no alcanzamos lugar en el teatro.

Conque es un evento que volvió luego de 16 años. Si bien tuvo fallas de organización y logística, la experiencia superó las expectativas de todos los que asistimos. Si bien todavía no se cuenta con lista de invitados, su organizador Luis Gantús, anunció en el podcast de Los Forasteros que la convención de 2018 será los días 4, 5 y 6 de mayo, también en Querétaro, así que para quienes no fueron este año, vayan ahorrando, vivirán una experiencia única.



(*Versión extendida del artículo publicado en el suplemento Autonomía no. 166, Mayo 14 de 2017.)


21 marzo, 2017

THE SANDMAN: Diez libros después*


Nuestra vida se compone de ciclos, o por lo menos nos creamos esa ilusión. Una existencia humana es medible, a pesar de ser sólo un instante, como una gota en el océano que es el universo. Medir las cosas nos da certidumbre, a pesar de siempre estar a un instante del final, y ni siquiera haber iniciado. Pero a veces, sí que obtenemos el término de algo. Luego de casi tres años de publicación, por fin se completan los 10 tomos de The Sandman. La aventura inició en septiembre de 2014, con Preludios & Nocturnos, pasando por: Casa de Muñecas, El país de los sueños, Estación de Niebla, Un juego de ti, Fábulas & Reflejos, Vidas Breves, El fin de los mundos, Las Benévolas, y el próximo a salir, para cuando lean esta nota, El Velorio.
Para hablar a detalle de la épica historia del rey del Sueño, Lord Morpheus, y su disfuncional familia, los Eternos (The Endless), el espacio es insuficiente; por lo que nos avocaremos a lo sustancial, es decir, la importancia de que se completara la versión mexicana de esta saga.
Alguna vez el propio Gaiman respondió la pregunta, ¿de qué trata The Sandman?, diciendo: “El rey de los sueños aprende que uno debe cambiar o morir; y luego toma su decisión”. Este sencillo argumento será el hilo conductor de los 75 números que componen la serie (más el especial La canción de Orfeo). La clave se encuentra desde el primer capítulo, cuando Morpheus es capturado por Roderick Burgess, líder de La Orden de los Misterios Antiguos, pues luego de pasar más de 70 años en cautiverio (de 1916 a 1988), prácticamente una vida mortal, Sueño de los Eternos emprende una búsqueda de tres artefactos en los que reside su poder (la bolsa con arena, el casco hecho a partir del cráneo de un demonio, y el rubí), y al término de esta aventura, se sienta a alimentar a las palomas (capítulo 8, El sonido de sus alas), lamentándose con su hermana Muerte (Death), a la que le dice: “Verás, hasta entonces estaba obsesionado. Hice una búsqueda de verdad, tenía un objetivo más allá de mi función… y de pronto, la búsqueda había concluido. Me sentí… drenado. Decepcionado. Engañado. ¿Tiene sentido todo eso? Estaba seguro de que en cuanto recuperara todo me sentiría bien. Pero, por dentro, me sentí peor que cuando empecé. Me siento como… nada.” Aquí se planta la semilla del cambio en Morpheus.

La escena que cambió todo.

En los siguientes arcos, Gaiman nos narra el presente de la familia de Sueño, muchas veces desde la óptica de los personajes secundarios y humanos que interactúan o tienen relación con los Eternos. Destaca la enemistad entre Morpheus y Deseo, la ausencia del hermano pródigo (Destrucción), las ocurrencias de Delirio, o la renuncia de Lucifer a regir en el infierno. También se intercalan historias del pasado, como la amistad que surge entre el rey de los Sueños y Robert “Hob” Gadling, a quien Muerte le otorga la inmortalidad; la intervención de Morpheus en la obra de William Shakespeare; las amantes de Sueño: Titania (reina de las hadas), la musa Calíope, o la mortal Nada; la tragedia de Orfeo, hijo de Oneiros… en realidad son tantas las historias y subtramas, para siquiera enumerarlas.  
            Indagando las pistas de la posibilidad del cambio en Morpheus, resultan esenciales las referencias a la obra de Shakespeare. Esto lo apreciamos en el capítulo 13, Hombre de buena fortuna, dos siglos después del primer encuentro con Hob Gadling (1399), en esa misma taberna están Shakespeare y Kit Marlowe, y se sugiere un pacto entre Sueño y el Bardo. Éste episodio presenta en 24 páginas la historia de una amistad a lo largo de 600 años. Luego, en el capítulo 19, Sueño de una noche de verano (historia unitaria que ganó el World Fantasy Award, de hecho el único cómic que ha ganado este premio), vemos a la compañía teatral de Shakespeare representando la citada comedia ante un contingente de Fairie. También nos enteramos del pacto: Morpheus dota al Bardo del talento para escribir grandes piezas teatrales, y a cambio le pide dos obras, una de ellas la que aquí representan. Por último, sobresale un diálogo entre Sueño y Titania, donde el Creador de formas explica el pacto: “A través suyo vivirán, por toda una era del hombre; y sus palabras harán eco a través del tiempo. Es lo que él quería. Pero él no entendió el precio. Los mortales nunca lo entienden. Sólo ven el premio, su máximo deseo, su sueño… Pero el precio por conseguir lo que quieres, es conseguir lo que una vez quisiste.” Las hadas seguirán existiendo en el imaginario colectivo, gracias a la obra, pero lo más importante, es el entendimiento que tiene Morpheus de la naturaleza humana. La capacidad de cambiar.
            Al final de la serie, en el capítulo 75, La Tempestad, Gaiman nos narra el último encuentro entre Sueño y Will Shakespeare, que ocurre porque el Bardo está escribiendo la segunda obra del trato. Aquí Morpheus le revela el por qué le pidió una comedia: “Quería una obra de finales gráciles, de un rey que ahoga sus libros, rompe su báculo y deja su reino. Sobre un mago que se hace hombre. Un hombre que rechaza la magia.” Se refiere a su imposibilidad para el cambio, y concede que los hombres poseen dicha cualidad. A lo largo de los 10 tomos de The Sandman, vemos la evolución del personaje, a través de aquellos con quienes se relaciona, nos damos cuenta de que lo ven distinto. Él basa su existencia en su función dentro del universo, pero esa perspectiva se alteró cuando le apresaron. Al darse cuenta que podía tener objetivos más allá del deber, cuando podía permitirse tener amigos, o perdonar a una antigua amante, o incluso mostrar compasión hacia su hijo, Morpheus sabe que debe quitarse la careta.  
            Sueño elige morir, desaparecer una faceta de sí, una perspectiva, un punto de vista, el cómo es visto por los otros, y de esa manera reinventarse. Con su muerte, Sueño demostró su disposición a pagar el precio del cambio, aquello que realmente desea. Antes era el tipo estirado que ante la menor ofensa se hacía de un nuevo enemigo. Con su muerte, Sueño se muestra como alguien dispuesto a soltar el pasado, dejando ir lo que no le sirve, aceptando los hallazgos hechos durante su búsqueda de un propósito.

            Con la publicación de The Sandman, una generación de lectores en México tiene a su alcance la que sin duda es la mejor historieta publicada en el siglo XX. Tal vez inspire a los próximos autores de novela gráfica que nuestro país espera.

(*Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 162, Marzo 19 de 2017)


01 enero, 2017

BLACK ORCHID: el florecimiento del sello Vertigo

Iniciamos un nuevo año en el blog, para ello reproducimos el último artículo publicado en 2016 para Autonomía de la Jornada. Y a seguir escribiendo en este 2017.


Habiendo pasado el barullo de la navidad, y a punto de concluir el 2016, vienen los recuentos con lo mejor y lo peor del año. Aquí sólo enlistaremos algunas obras de cómic de licencia en México, que además de hacer un aporte a la cultura del lector medio, permiten ampliar el bagaje de los potenciales nuevos talentos, necesarios para seguir nutriendo la historieta de autor en nuestro país, la cual discretamente se ha ido consolidando; ejemplo de ello es la Revista Conque, un esfuerzo por presentar lo mejor de la historieta nacional, y que en su número 2 nos ofrece portada y algunas páginas con el arte de Tony Sandoval.
      El sello Océano Travesía nos ha traído obras como Nimona (Noelle Stevenson), Descender (Lemire/Nguyen), y Calvin & Hobbes (Bill Watterson); la primera, producto del webcómic; la segunda, una de las más vitales space opera; y la tercera, un clásico de las tiras cómicas al nivel de Peanuts o Mafalda. Por su parte, Panini Cómics con su línea 100% HD, puso a nuestro alcance: The Goon (Eric Powell), Ei8th (Rafael Albuquerque), Chrononauts (Millar/Murphy), y seguirá publicando en recopilatorios Deadly Class (Remender/Craig), y Trees (Ellis/Howard). Pasando a Kamite, destaca el hecho de que están imprimiendo la obra completa de Terry Moore: Strangers in Paradise, Echo, Rachel Rising, Sip Kids, y de último momento anunciaron que publicarán Motor Girl (casi a la par de la edición americana); también han sacado a la venta la más reciente versión de Archie (Waid/Staples), y Jughead (Zdarzky/Henderson), conocido en nuestro país como Torombolo; y próximamente lanzarán The Manhattan Pojects, de Jonathan Hickman y Nick Pitarra. Otras editoriales, Planeta y Reservoir Books, distribuyen en nuestro país parte de su catálogo editado en España, o directo para Latinoamérica, de éstas podemos destacar The League of Extraordinary Gentlemen (Alan Moore/Kevin O´Neill), y El Club de la Pelea 2 (Chuck Palahniuk/Cameron Stewart/David Mack). Editorial Televisa nos tomó desprevenidos al cierre del año, pues en sus licencias de Marvel y DC presentan en Hardcover Daredevil: The Man without Fear (Frank Miller/John Romita Jr.), y Superman Red Son (Mark Millar/Dave Johnson), así como el Batman Noir: The Killing Joke, nueva edición de La broma mortal de Alan Moore, con arte de Brian Bolland en blanco y negro, que incluye como material extra algunas de las portadas que ilustró el artista inglés para el cruzado encapotado. Y así llegamos a Vertigo Cómics, que casi logran este año completar The Sandman de Neil Gaiman, en su formato de 10 tomos, y han traído algunas miniseries como: The Books of Magic, The Twilight Children (con guión de Gilbert Hernandez), y Enigma (reseñada en la edición anterior de Autonomía), que recién salió a la venta; y en su formato novela gráfica, mismo en el que se publican Swamp Thing, Preacher, Y the last man, y Daytripper, ahora nos traen Black Orchid, la obra con la que Neil Gaiman y Dave McKean cruzaron el charco.


      Antes de crear su obra maestra The Sandman, Neil Gaiman era un aspirante a escritor que a principios de los 80's incursiona en el periodismo. Pasaría un tiempo antes de que el joven Gaiman viera sus primeros relatos publicados (su primer cuento, Featherquest, se publicó en 1984), y en el proceso conocería a Alan Moore, primero a través de su Swamp Thing, cuya lectura le hizo vislumbrar el potencial del medio para contar historias, aunado a su pasión infantil por leer cómics, que en aquel momento se renovó, si bien no sabía cómo escribirlos, pudo salir de dudas gracias que tenía que hacerle una entrevista al Magus de Northampton. Gaiman aprovechó para preguntarle y Moore le explicó: “empiezas poniendo Página 1, Viñeta 1... y a continuación escribes toda la información que quieres que tenga el dibujante...” Siguiendo esa estructura, Gaiman se fue a casa a escribir el guión: “The day my Pad went mad”, mismo que envió a Moore, quien luego se lo regresó con anotaciones y correcciones, dándole el visto bueno.
      Como la mayoría de los autores ingleses, Gaiman publicó su primera historia de cómic en la revista 2000AD, en el número 488. Después de eso colaboró en otras revistas, hasta que coincidió con Dave McKean en una Bright New British Anthology Comic, que nunca llegó a ser publicada. Deciden colaborar juntos y hacen una propuesta a Paul Gravett, editor de la revista Escape, lo que se convierte en Violent Cases (novela gráfica de 48 páginas). A la par, Karen Berger tiene la encomienda de fichar nuevos talentos para DC, y siguiendo la lógica de buscar en el lugar de donde salió Alan Moore, entra en contacto con la escena comiquera inglesa, y apreciando el potencial que Gaiman y McKean demuestran en su primer obra conjunta, les ofrece desarrollar una miniserie, pidiéndole a Gaiman elegir un personaje que no fuera muy conocido. Con lo que Berger no contaba, era que Neil rescataría a un personaje que ni siquiera ella recordaba. Se trataba de Black Orchid -una maestra del disfraz, inmune a las balas, capaz de volar y dotada de una fuerza sobrehumana-, creada por Sheldon Mayer y Tony DeZuniga para las páginas de Adventure Comics #428 (julio de 1973).

      La versión que Gaiman y McKean, nos presentan de Black Orchid, que originalmente se publicó en tres tomos de formato prestige (48 páginas), rompe desde las primeras páginas con las reglas no escritas de los superhéroes; la Black Orchid que aparece al inicio, es capturada por el villano de la historia, quien opera desde la sombra a través de sus subalternos, y en lugar de quedar prisionera en una trampa complejamente elaborada, simplemente es ejecutada de un tiro en la cabeza y consumida por el fuego, y su asesino queda impune. Con ese planteamiento Gaiman nos presenta una declaración de intenciones que sigue el camino ya pavimentado por Alan Moore y Frank Miller, en Watchmen y The Dark Knight Returns, pues de las cenizas de esa Black Orchid surge un nuevo personaje etéreamente poético. El segundo punto interesante es que el origen de Black Orchid (debido al botánico Philip Sylvian), sirve como un nexo entre los personajes de DC vinculados con lo verde: Jason Woodrue (Floronic Man), Pamela Isley (Poison Ivy), y Alec Holland (Swamp Thing).

      En retrospectiva, para un lector novel, Black Orchid se leerá como una obra desfasada, pero en realidad se trata de un producto que en su momento supuso una bocanada de aire fresco para el medio del cómic. Mucho de ello se debe al pincel de Dave McKean, comparable al arte de Bill Sienkiewicz, y que anunciaría lo que posteriormente haría en Arkham Asylum con Grant Morrison. Recomendada para aquellos lectores que se interesan por apreciar los momentos clave en la historia del cómic, esta obra les permitirá apreciar mejor la génesis de The Sandman y el inicio de la línea Vertigo. Un retazo de historia que incluye una reveladora introducción de Mikal Gilmore, y varios extras como: notas en facsímil de Neil Gaiman, y comentarios de Karen Berger a la propuesta inicial, que permiten apreciar mejor la obra. Sin duda un gran regalo de navidad. 

(Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 156, diciembre 26 de 2016. )

11 diciembre, 2016

ENIGMA: Un cómic existencialista


¿Por qué nos contamos historias? La realidad que vivimos es caótica, y recurrimos a la narrativa para ordenar los hechos, ya sea que lo hagamos para nosotros mismos o para otros. La humanidad se cuenta historias, y es así como sustenta su realidad; no es lo que percibimos, sino la descripción que hacemos de tales percepciones, esa es la desoladora verdad a la que aspiramos.
     Está por terminar el año, pero la línea Vertigo inicia una nueva historia en su colección Cómics que desafían las expectativas, se trata de Enigma, miniserie de 8 números publicada originalmente en 1993; con guión de Peter Milligan, trazo de Duncan Fegredo, y color de Sherilyn van Valkenburgh.


     Para hablar de Enigma, es necesario explicar brevemente el concepto de metarrelato, el cual podemos entender como la narrativa dentro de la narrativa. Aplicándolo a la historieta, percibimos que en la superficie Enigma es un cómic conducido por un narrador omnisciente (nos enteraremos de quién se trata en el último número), que nos describe el momento presente en la vida de Michael Smith, un joven con una vida bastante anodina y sin grandes aspiraciones (trabaja como técnico para una compañia telefónica, y tiene relaciones con su novia una vez por semana: "sólo los jueves, ni un orgasmo más ni uno menos"), a la par, aparecen de pronto asesinos en serie (La Cabeza, La Verdad, La chica Sobre) que son detenidos por un hombre enmascarado (el Enigma), un superhéroe, pero lo extraño es que estos personajes forman parte de una historieta que Michael leía en su infancia (en los años 70, la era de plata de los cómics). En su afan por descubrir la verdadera naturaleza de estos extraños hechos, Michael busca al creador de la historieta original de Enigma: Titus Bird, quien veinticinco años atras escribió el cómic bajo el influjo de las drogas, en un tono de "espiritualidad divagante y confusa", que en su momento no vendió y fue cancelado luego de tres episodios.




(A Michael se lo coge su superhéroe favorito de la infancia)

     Un primer nivel de lectura se limita a las inmediatas interacciones de los personajes. En un segundo plano de lectura, estamos leyendo un cómic titulado Enigma, que trata de un personaje que cobra vida dentro de la ficción de la historia, y se ha inspirado por una historieta inconclusa del mismo nombre. En un tercer nivel, el Enigma se enfrenta a la Verdad, se trata de una batalla filosófica librada dentro de una iglesia, y el resultado afectará la vida de las personas. Haciendo un pequeño spoiler, en ese combate (que ocurre en el capítulo 4), el vencedor es el Enigma, que salva a Michael de la Verdad, y el narrador nos dice: "que obviamente no ve la ironía de que la Verdad muera en una iglesia". Mencionemos una cuarta capa narrativa, en la que de manera simbólica Enigma nos muestra la interacción entre: el superhéroe, inspirado en el personaje del cómic (obra); Titus, el guionista (artista); y Michael, el lector (espectador).


     ¿El cómic dentro del cómic define la esencia del Enigma? ¿Todo este embrollo se originó veinticinco años atras en la mente de un escritor psiconauta? ¿La búsqueda de Michael le permitirá encontrar sentido a su aburrida y absurda vida? ¿Este cómic que se encuentra por fin al alcance de los lectores mexicanos, será capaz de influir en su forma de percibir y describir la realidad? Para responder estas preguntas invito a los lectores de la línea Vertigo, y a algún despistado que se encuentre leyendo esta nota, que le den una oportunidad al Enigma de Milligan y Fegredo.
     Para completar esta reseña, echemos un vistazo a los antecedentes de los creadores. Peter Milligan es un guionista inglés, que comenzó a experimentar en el cómic de los 80, a través de su proyecto de autor Strange Days, antología en la que publicaba psicodélicas historias dibujadas por Brendan McCarthy (Paradax, Freakwave), y Brett Ewins (Johnny Nemo). Luego es fichado por DC Comics, y aporta su particular visión en Shade, the Changing Man (dibujada por Chris Bachalo), creación de Steve Ditko, y que en esta versión fue una de las series pioneras del sello Vertigo. En la década pasada, revolucionaría la franquicia mutante con su X-Force/X-Statix, con arte de Mike Allred. Y recientemente fue el encargado de guionizar la última etapa de Hellblazer, la serie más longeva de Vertigo, que concluyó en el número 300.





     Sobre el artista, Duncan Fegredo, podemos rastrear sus inicios en la historieta inglesa en la revista Crisis, del sello Fleetway, participó en New Statesmen y Third World War; da el salto al mercado americano dibujando la miniserie de tres tomos en formato presigio, Kid Eternity (1991), escrita por Grant Morrison, y seguiría con la obra aquí comentada. En nuestro país ya hemos visto publicados algunos trabajos ilustrados por Fegredo; de la extinta Bruguera Comic Books, dos miniseries de Hellboy: The Storm y The Fury, con guiones de Mike Mignola; y para Panini Comics, la miniserie de 5 números MPH, escrita por Mark Millar.  

     Regresando a la interacción entre: artista, obra y espectador; es curioso que dentro del cómic de Enigma apreciamos la evolución del espectador, que es representado por Michael, sin duda es el personaje con un mayor crecimiento, respecto al inicio de la serie, llegando a tomar conciencia de su situación. ¿Y después qué? Es una pregunta recurrente, que de manera subliminal se dirige al lector.

     Otro aspecto a destacar de esta interacción, es la evolución de Enigma, el personaje (obra), que logra definirse a través de su relación con Michael. En el extremo opuesto tenemos Titus, que encarna la perspectiva del artista, y que en este caso no sufre una gran transformación a raíz de lo ocurrido, dándonos a entender que el creador es influenciado por su obra sólo durante el proceso de gestación, y una vez terminada esta etapa, pierde su vínculo con el artífice.
     En fin, la pregunta que nos deja esta obra es si somos de las personas que pregonan la búsqueda de la Verdad, y en apariencia nos define lo que mostramos, la percepción que los demás tienen de nosotros, o bien, nos definimos a través de lo que ocultamos, nuestras manías, ese lado oscuro inconfesable a otros, el Enigma.

(Publicado Originalmente en el suplemento Autonomía no. 155, diciembre 11 de 2016.)

30 octubre, 2016

Alan Moore y el suspenso sofisticado III


Con motivo de la aparición anual de los tomos de Swamp Thing escritos por el gran y peludo Alan Moore, se ha vuelto una costumbre dedicar una serie de artículos al magus de Northampton, aquí la tercera entrega publicada hace un mes. 


Por tercera ocasión dedicamos este espacio a comentar la obra del Magus (previamente en Autonomía 119 y 127); en una siguiente entrega, una vez que nos recuperemos del maratón de 13 horas, reseñaremos a detalle la primera temporada de Luke Cage, estrenada este fin de semana en Netflix.
Con la aparición del Libro Tres, de la colección Vertigo / Novela Gráfica, que reúne la etapa de Alan Moore guionizando Swamp Thing, y las recientes declaraciones del maestro sobre su inminente retiro,  así como la intención de Editorial Planeta de distribuir su línea de cómics en México y Latinoamérica, es momento para seguir hablando del suspenso sofisticado en las historietas.
            Swamp Thing Libro 3, contiene los números 35 al 42, y en esta ocasión la introducción sale de la pluma del artista principal de la serie, Stephen Bissette. El tomo inicia con la historia de Cara Nuclear, personaje que pondrá en jaque a Alec (la cosa del pantano), y de paso servirá a Moore como vehículo para criticar la contaminación radioactiva y ambiental. Cuando parecía que nuestro héroe encontraba su trágico fin, se renueva la esperanza en el episodio 37, con: Patrones de Crecimiento, historia que nos narra a velocidad vegetal, la vuelta a la vida de Alec, simultáneamente se introduce a John Constantine, el carismático mago inglés fumador de Silk Cut. El mismo Bissette nos cuenta una curiosa anécdota al respecto: “John Totleben y yo habíamos presentado el rostro de Constantine en el fondo de una viñeta en un número previo (vean el #25, página 21, viñeta 2) —un cameo sugerido por nuestro gusto mutuo por Sting de The Police. Mezclar el rostro de Sting (y un poco de su personaje Aceface del filme Quadrophenia) con elementos del fatalismo del punk, el personaje Jerry Cornelius de Michael Moorcock…” Pero reconocerá que el primero en trazar al Constantine de Patrones de Crecimiento, fue su amigo y compañero en la Kubert School, Rick Veitch. Esta historia de renacimiento para Alec es el inicio de la saga “Gótico Americano”, como lo es del propio Constantine, y de manera no oficial también representa el nacimiento del sello Vertigo.


            En este punto, la saga de Swamp Thing abordará un horror sofisticado que reinventa a los monstruos clásicos de la literatura y el cine. A su manera, Constantine instruirá a Alec para que desarrolle todo el potencial de sus habilidades como “ser elemental”, y en el proceso enfrentará a una serie de amenazas propias del mejor cómic de terror. En este libro encontraremos: vampiros acuáticos, una mujer lobo (el tratamiento que da Moore a la licantropía es por demás original), y una maldición Vudú plagada de la inevitable horda de zombis; estas historias de paso harán agudos comentarios en contra de la misoginia y el racismo, mostrándonos que los cómics lo mismo entretienen a la par que generan una toma de conciencia (sin caer en el discurso moralizante).
            La espera será larga hasta el siguiente tomo, sobre todo porque devendrá la Crisis del mundo místico en el universo DC, el encuentro de Alec con el Parlamento de los Árboles, o el enfrentamiento con el cruzado encapotado, pero me estoy adelantando a los acontecimientos; lo que sí podemos señalar es la ironía de ver esta obra finalmente publicada  y en activo en nuestro país —ya que accedemos al trabajo de Moore que cambió la forma de hacer cómic en Estados Unidos, y con ello trasformó la historieta mainstream hasta nuestros días—, precisamente en el momento en que el Magus anuncia su retiro definitivo del mundo de las viñetas.
            La noticia inundó la red el pasado 9 de septiembre, Moore lo deja claro con la siguiente frase: “I have about 250 pages of comics left in me” (Hay 250 páginas de cómic que tengo todavía en mí), y explica que esas páginas se irán en los guiones de su trabajo en los números finales sobre H. P. Lovecraft para Avatar Press, quizá como complemento a su maxiserie Providence; algunas historias cortas para la antología en blanco y negro Cinema Purgatorio, y un último volumen de The League of Extraordinary Gentlemen, ambos trabajos ilustrados por Kevin O´Neill. Si se tratara de alguien del tipo oportunista pensaríamos que es un truco publicitario para vender su más reciente novela (en prosa) Jerusalem, obra de unas 1200 páginas y con aproximadamente 620,000 palabras; trabajada por más de una década, según el Magus tiene el propósito de “refutar la existencia de la muerte”.  El título hace referencia a un poema/himno de William Blake. El propósito del libro es explorar la historia de una pequeña zona de su Northampton natal a través de varias voces. Sobre la obra, el propio Moore comenta: “He escrito la novela a partir de conversaciones cara a cara, de rumores familiares y leyendas y haciendo uso de la memoria y de un libro con testimonios de personas mayores que vivieron en la zona.” Destacan algunos capítulos que homenajean a diversas personalidades, como el dedicado a James Joyce; el capítulo más largo, según el autor, el de Lucia Joyce o el escrito en el estilo de la obra de Samuel Beckett. Sin duda estamos ante el Ulysses de este siglo.
Jerusalem de Alan Moore, será editada en español por el sello Planeta Cómic para 2017. Esta misma editorial se une al movimiento de las historietas en nuestro país, y amplía la oferta con parte de su catálogo para México. Entre las obras que ya están siendo distribuidas a nivel nacional en las principales librerías y tiendas departamentales como Gandhi y Sanborns, destacan From Hell (ilustrada por Eddie Capmbell), y The League of Extraordinary Gentlemen, ambas obras del gran y peludo Alan Moore; de esta última podrán encontrar los volúmenes 1 y 2, así como el experimental Dossier Negro (que incluye diversos fragmentos en prosa, desde una supuesta obra de William Shakespeare, una continuación a las aventuras eróticas de Fanny Hill, y el primer capítulo de una novela beatnik en el estilo de Jack Kerouac, así como una Biblia Tijuana, la historia en cómic de Orlando, personaje novelado por Virginia Woolf, y un segmento final de la novela gráfica en 3-D, con gafas incluidas), con precios que rondan los 298 y 328 pesos.
Por si les interesa, otra obra traída exclusivamente por el sello Reservoir Books para nuestro país, es la novela gráfica El Club de la Pelea 2, continuación del libro (adaptado al cine en 1999 por David Fincher), y escrita por el autor original Chuck Palaniuk, con arte de Cameron Stewart, y portadas de David Mack, incluye los 10 números de la miniserie y el capítulo especial para el Free Comic Book Day, su precio es de 299 pesos.
(Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 149.)

28 septiembre, 2016

DESCENDER: Un cómic de Jeff Lemire y Dustin Nguyen*





La historieta independiente de autor va cobrando fuerza en el mercado americano, al punto de lanzar al estrellato a sus artífices. Durante los 90 el sello Vertigo se ostentaba como el bastión para el mejor cómic de autor; en nuestros días, ese honor lo posee Image Comics. Autores como Rick Remender (Black Science, Deadly Class, Low), Jonathan Hickman (East of West, The Manhattan Projects), Matt Fraction (Sex Criminals, con dibujos de Chip Zdarsky), Kieron Gillen (The Wicked+The Divine, con arte de Jamie Mckelvie), Brian K. Vaughan (Saga, con trazos de Fiona Staples), lograron sobrepasar el status de guionistas de culto, y se han convertido en superestrellas que lo mismo escriben su propias creaciones o redefinen a los personajes de Marvel y DC. 


(Imagen de Trillim, miniserie escrita y dibujada por Lemire para Vertigo)


            Jeff Lemire alcanza esta categoría. Su carrera se forjó con obras como: The Nobody, Sweet Tooth, y Trillium (en las que se ostenta como autor completo), editadas por Vertigo. Posteriormente se incorporaría a DC escribiendo Animal Man (en una estupenda etapa que recupera y continúa parte de la magia que diera Grant Morrison al personaje), Justice League Dark, y Green Arrow. Actualmente escribe para Marvel: All New Hawkeye (como relevo de la estupenda etapa de Fraction/Aja), Extraordinary X-Men (con arte de nuestro compatriota Humberto Ramos), y Old Man Logan (rescatando la celebrada versión del viejo Logan perpetrada por Millar y McNiven). Y con este curriculum, el buen Jeff se da el tiempo para continuar con obras de factura propia, editadas precisamente por Image, se trata de Plutona, miniserie que narra lo que ocurre cuando un grupo de niños encuentra el cadáver de una famosa superheroina (el dibujo corre a cargo de Emi Lenox, y al final de cada capítulo se incluyen tres páginas dibujadas por el propio Lemire, en las que se recrea la última aventura de la mencionada Plutona), y el otro trabajo es Descender, serie en la que nuestro autor comparte créditos con el dibujante Dustin Nguyen.  
            Todo esto viene a cuento porque el sello Océano Travesía trae a nuestro país el primer tomo de Descender, que lleva por título: Estrellas de hojalata, y se editó en la medida estándar de un cómic empastado; lo que convierte a ésta en una propuesta más (en toda regla), que engrosa la oferta de la historieta de licencia en México.
            Con títulos como Calvin & Hobbes, de Bill Waterson (hace poco salió el libro “10 años”, y ya se anunciaron el tomo 1 y el 2 “Algo babea bajo la cama”) y Nimona, de Noelle Stevens (novela gráfica que originalmente se dio a conocer como webcomic), la editorial Océano Travesía se presenta como la opción para competir en el rubro de la historieta independiente. Esperemos que Descender sólo sea el inicio de algo que nos permita por fin apreciar la narrativa gráfica como un medio disfrutable a cualquier edad, por aquello de que la “novela gráfica” se ha convertido en una etiqueta para dar seriedad a algo que por derecho propio puede competir con medios de expresión y entretenimiento como la literatura y el cine.
            Y ¿de qué trata Descender? La respuesta requiere que se eche mano de ejemplos como los mangas Akira (Katsuhiro Otomo) y Astroboy (Osamu Tezuka), la película A. I. de Spielberg, y el cuento clásico Pinocho (Carlo Collodi), pues por una parte, se instaura dentro de la ciencia ficción al situarse en un futuro donde la humanidad logró la conquista espacial (al punto de colonizar otros planetas), y cuenta específicamente la historia de Tim-21, un androide con aspecto de niño, perseguido porque hace poco apareció en la galaxia un conjunto de gigantescos robots denominados Segadores (Harvesters) que casi destruyen una serie de planetas habitados, lo cual generó aversión y con ello la prohibición a usar cualquier tipo de robot en la galaxia.

            La historia de Tim-21 inicia, en la deshabitada colonia minera Dirishu, cuando éste despierta luego de haber estado apagado por una década, que es el tiempo transcurrido desde el ataque de los Segadores; lo acompaña su perro robótico Bandido en la búsqueda de su madre y hermano, así como de su propia humanidad y sentido en la vida; y hacia el final del primer capítulo es buscado porque su código único (aquello que le da identidad), es compatible con el código de los Segadores, y puede ser la clave para destruirlos.
            Con dicha premisa, Lemire y Nguyen nos presentan una space opera que irá creciendo en complejidad, ya que involucra (como toda buena obra sci-fi) aspectos equiparables a nuestro presente como el odio racial o la búsqueda de identidad y propósito.
            Pasando al apartado gráfico, encontramos en el arte de Dustin Nguyen (a quien podemos rastrear en obras como Wildcats 3.0, The Authority: Revolution, Batman, y American Vampire: Lord of Nigthmares), su mejor trabajo hasta la fecha, con un trazo por momentos muy detallado y en otros un poco más suelto, pero que en conjunto armoniza a la perfección por su acabado en acuarelas. Pareciera que juega con el hecho de que la historia trata sobre una vida sintética, fría, artificial, y está dotada de una calidez patente en la imperfección y cuidado de un trazo humano.
            Merece una mención el crédito de la traducción, aspecto generalmente pasado por alto cuando hablamos de cómics licenciados por editoriales mexicanas, y traducciones en general; probablemente sólo reparamos en ello cuando los implicados son autores de renombre como Jorge Luis Borges (Bartleby) o Salvador Elizondo (Madame Edwarda y Monseur Teste), por dar un par de ejemplos. Y es que comúnmente los lectores de historietas venimos padeciendo un mediocre trabajo de traducción. Pero este no es el caso, pues aparece con este crédito Alfredo Villegas en colaboración con Mercedes Guhl. El trabajo del señor Villegas es digno de reconocerse, pues en fechas recientes ha venido promoviendo la traducción de cómics como un trabajo especializado que requiere la debida formación. Podemos conocer más de sus iniciativas a través de su blog House of Ñ. Ojalá una editorial grande como Televisa tome nota de esto y provea a sus licencias de Marvel, DC y Vertigo de traductores más capaces y comprometidos con mantenerse fieles al mensaje de las obras originales.
            Pueden buscar el primer tomo de Descender: Estrellas de hojalata, en librerías, principalmente Sanborns, Educal y Gandhi, o cualquiera que maneje el catálogo de Editorial Océano. Al no estar disponible en puestos de revistas requiere un esfuerzo adicional para encontrarlo, que dada la calidad del producto bien vale la pena. Contiene los primeros seis números de la edición americana (148 páginas), y tiene un costo de 235 pesos. 


* (Publicado originalmente en el suplemento Autonomía no. 142).